La atención pediátrica vive una transformación importante gracias a la digitalización y la telemedicina.
Por Melissa Brosset Ugás. 18 junio, 2026. Publicado en el Diario El Comercio, el 17 de junio del 2026Las teleconsultas permiten dar seguimiento a la salud infantil y al control de crecimiento sin que el niño se desplace al consultorio. Sin embargo, su uso seguro exige conocer bien tanto sus beneficios como sus límites, así como el marco regulatorio y la experiencia real de pediatras y familias.
Entre los principales beneficios destaca la accesibilidad. Las videollamadas facilitan el contacto con el pediatra cuando la familia vive lejos del centro de salud, no tiene facilidad de transporte o surgen dudas fuera de los horarios habituales. Esto es especialmente útil para el seguimiento de enfermedades crónicas (asma, alergias, cardiopatías) o para revisar la evolución tras una consulta presencial. Además, reduce tiempos de espera y ausencias laborales de los padres, y evita exponer al niño a otros patógenos en salas de espera concurridas.
La telemedicina puede apoyar la vigilancia periódica del peso, la talla y el perímetro cefálico, siempre que los padres reciban indicaciones claras sobre cómo medir en casa y cómo registrar los datos. Las plataformas digitales permiten almacenar y graficar esta información en tiempo real, de modo que el pediatra puede detectar, de forma precoz, desviaciones en las curvas de crecimiento. También, facilitan el seguimiento de la alimentación, el sueño, la vacunación y los hitos del desarrollo psicomotor.
No obstante, también hay limitaciones importantes. La exploración física completa de un niño no puede reemplazarse por una cámara. La auscultación, la palpación del abdomen, la valoración detallada de la piel o la exploración neurológica requieren presencia física. Por ello, las teleconsultas deben usarse como complemento, no sustituto, de los controles presenciales. especialmente en lactantes, en primeras valoraciones o ante signos de alarma (fiebre persistente, dificultad respiratoria, dolor intenso, decaimiento marcado). También, influyen factores como la calidad de la conexión a internet y la habilidad de los padres para seguir indicaciones durante la videollamada.
El uso seguro de la telemedicina en pediatría está ligado a la regulación. Es fundamental proteger la confidencialidad de los datos de los niños mediante plataformas cifradas, sistemas de identificación segura y consentimiento informado de los padres o tutores. Muchos países ya exigen que las teleconsultas se realicen en entornos tecnológicos homologados, que se documenten en la historia clínica y que el pediatra se asegure de que la atención a distancia no suponga un riesgo adicional.
Asimismo, las normativas suelen acotar qué tipos de actos médicos pueden hacerse en remoto y en qué casos es obligatorio derivar a una consulta presencial o a urgencias.
Muchos pediatras valoran la posibilidad de mantener un contacto más frecuente con sus pacientes, resolver dudas de manera ágil y hacer seguimiento de tratamientos sin saturar la consulta física. Las familias destacan la comodidad, la disminución de desplazamientos con bebés pequeños y la tranquilidad de poder consultar antes de acudir a urgencias. Sin embargo, tanto unos como otros coinciden en que no se debe “medicalizar” cada pequeño síntoma por tener el pediatra a un clic de distancia y en que la relación de confianza se construye mejor cuando se combina la consulta virtual con encuentros presenciales periódicos.
En resumen, la telemedicina pediátrica ofrece una oportunidad valiosa para mejorar el seguimiento de los niños y el control de su crecimiento, siempre que se utilice con criterios claros, respetando la regulación vigente y manteniendo el enfoque central en la seguridad y el bienestar del niño.









