La educadora y comunicadora, que dedicó más de 30 años a formar generaciones de profesionales en la Universidad de Piura, fue una persona que supo querer y se hizo querer, por los cientos de estudiantes que tuvo en la universidad y por sus colegas y demás amigos.
Por Mariela García Rojas. 16 abril, 2026. Publicado en semanario El Tiempo, el 12 de abril de 2026Desde primeras horas de la mañana del 1 de abril, y los días posteriores, he escuchado repetidamente la misma frase, dicha por muchas personas, “Carmela se nos fue al cielo”.
La educadora y comunicadora, que dedicó más de 30 años a formar generaciones de profesionales en la Universidad de Piura, fue una persona que supo querer y se hizo querer, por los cientos de estudiantes que tuvo en la universidad y por sus colegas y demás amigos.
Carmela fue una mujer entregada y fiel a su vocación, piadosa y generosa. De personalidad firme; enemiga de los rodeos y las metas chatas. Exigente, audaz y optimista porque tenía la certeza de estar en el equipo ganador.
Coincidí con ella en demasiadas cosas a lo largo de mi vida. Sin duda, un gran privilegio para mí; fuimos amigas y colegas. A propósito de lo primero, me involucró en cuanta idea se le ocurría (que eran muchas, además de eficaces).
En la actual Facultad de Ciencias de la Educación hizo ‘rugir al león’ e impulsó grandes objetivos. Entre ellos, recuerdo los programas de formación para mujeres profesionales que, para mí sorpresa, tuvieron multitudinaria acogida en sus múltiples ediciones. Las participantes terminaban encantadas y agradecidas. Visitamos Talara Sullana y Tumbes; además de varios lugares de Piura, para este fin.
Junto a su gran capacidad de oratoria, Carmela transmitía fundamentos claros que enriquecían la formación de estas personas.
Por otro lado, en el entonces programa académico de Ciencias de la Información impulsamos juntas muy diversas actividades académicas. Aunque, formalmente, coincidimos poco, pues yo debía retornar a mi facultad de origen (Ciencias Económicas y Empresariales). Medio en broma y medio en serio a la gente allegada y de confianza le decíamos que, con independencia del trabajo, las dos nos lo pasábamos sumamente bien.
El 27 de marzo la contacté, al saber de un procedimiento cardiológico al que había sido sometida. Conservo su audio en mi WhatsApp. Lo dirige con entrañable cariño para Paul y para mí llamándonos “amigos del alma de hace tantísimos años” y manifestándonos su certeza de contar con nuestras oraciones.
En aquella ocasión, y a pocos días de lo que sería su partida, hizo referencia también a la “prometedora región del Pacífico sur” y cómo la llenaba de ilusión. El Opus Dei fue el ancla y el sentido de su vida. Fue ella quien me acercó al Opus Dei. Su derroche de alegría y de energía contagiaban a quienes la escuchaban.
Gracias, mi querida Carmela, porque hasta el final nos regalaste -a muchos- recuerdos entrañables y palabras propias de un alma enamorada de Dios. See you.








