La resiliencia no consiste en evitar las caídas, sino en encontrar el valor para levantarse una vez más. Muchas veces, las experiencias más difíciles son las que nos permiten descubrir capacidades, aprendizajes y fortalezas.
Por Rosa Cornejo Briceño. 06 julio, 2026. Publicado en diario Correo, el 5 de julio de 2026Hay momentos en los que sentimos que todo se vuelve cuesta arriba. Una enfermedad inesperada, la pérdida de un ser querido, una decepción, problemas familiares o situaciones que simplemente no estaban en nuestros planes. En esos momentos es natural preguntarnos ¿por qué me pasa esto? Sin embargo, existe una pregunta que puede transformar nuestra manera de enfrentar la adversidad: ¿qué voy a hacer con esto que me está pasando?
El psiquiatra Viktor Frankl, sobreviviente de los campos de concentración nazis, descubrió algo profundamente humano incluso en medio del sufrimiento más extremo: las personas no siempre pueden elegir las circunstancias que les toca vivir, pero sí la actitud para enfrentarlas. Esa capacidad de decidir cómo responder constituye una de nuestras mayores fortalezas.
Esto no significa negar el dolor ni actuar como si nada ocurriera. Todos necesitamos tiempo para sentir, comprender y sanar. La tristeza, el miedo o la frustración forman parte de la vida. Sin embargo, si permitimos que esas emociones definan nuestro futuro, corremos el riesgo de quedar atrapados en ellas.
A lo largo de la vida, conocemos personas que, aunque enfrentan grandes dificultades, encuentran motivos para seguir adelante. No porque sean más fuertes o porque no sufran, sino porque han decidido no rendirse. Han comprendido que las circunstancias pueden golpearnos, pero no tienen por qué determinar quiénes somos ni en quiénes podemos convertirnos.
La resiliencia no consiste en evitar las caídas, sino en encontrar el valor para levantarse una vez más. Muchas veces son, precisamente, las experiencias más difíciles las que nos permiten descubrir capacidades, aprendizajes y fortalezas que no sabíamos que teníamos.
Si bien no podemos cambiar todo lo que nos sucede, sí podemos decidir qué significado darle y cómo continuar nuestro camino; porque, al final, la fortaleza no consiste en no caer nunca, sino en encontrar razones para levantarnos cada vez que la vida nos pone a prueba.








