Tras más de cuatro décadas de trabajo en la Universidad de Piura, Juan Yarlequé se despide con gratitud por los aprendizajes, las amistades y las experiencias que marcaron su vida profesional y personal.
Por Jubitza Morales Lozada. 14 agosto, 2026.Sus primeros pasos en la Universidad de Piura se remontan al 22 de septiembre de 1985. Llegó con la intención de incorporarse al área de Jardinería; sin embargo, al presentarse le informaron que necesitaban personal para Conserjería, hoy Conserjería y Actividades. Aceptó el reto y, desde entonces, desempeña ese rol en Campus Piura de la UDEP.
Cuando inició sus labores, el campus contaba únicamente con el Edificio Principal, la Ermita y parte del Edificio 80. Con el paso de los años fue testigo del crecimiento de la universidad y acompañó ese proceso. Desde el servicio de Conserjería, apoyó a los trabajadores (docentes y administrativos) con la distribución de correspondencia y documentos desde y hacia las distintas facultades y oficinas; y colaboró en las distintas actividades que organiza la UDEP.
Una escuela de vida
Para Juan, la UDEP fue mucho más que un lugar de trabajo. Aquí fortaleció valores que lo acompañaron durante gran parte de su vida. “He aprendido que la clave para un buen trabajo es la disciplina, el orden y la precaución al hacer las cosas”, comenta.
Ese compromiso fue reconocido por quienes compartieron con él su vida en la UDEP. Rolando Castillo, quien trabajó a su lado desde la década de los noventa, recuerda su responsabilidad y dedicación en cada tarea.
“Me demostró gran orden en su trabajo de entrega de correspondencia y otros sobres a las facultades y centros, así como un excelente manejo de los equipos de audio y video durante las actividades”, señala. También destaca el cuidado con el que llevaba su cuaderno de cargos, siempre actualizado para registrar cada entrega.
Más que compañeros
Además del aprendizaje, la universidad le permitió construir amistades que perduraron con el tiempo. Juan recuerda con especial cariño a Lucho Ruiz (+), Juan Neyra (+) y a Urbano Ramos, compañeros con quienes compartió celebraciones, reuniones y momentos que hoy forman parte de sus mejores recuerdos.
Quienes lo conocen lo describen como una persona paciente, servicial, responsable y siempre dispuesta a ayudar. También resaltan el esfuerzo con el que sacó adelante a su familia y el apoyo que brindó a sus hermanos cuando más lo necesitaron.
Junto a su esposa, Peregrina Campos Cunya, Juan formó un hogar y acompañó el crecimiento de su hija, María Lucero Yarlequé Campos, quien se convirtieron en la principal motivación de su trabajo.
Además, destaca la ingeniera Rosario Zapata, Juan es una persona siempre atenta y dispuesta a apoyar a todos desde su labor en Conserjería. Recuerda especialmente su orden y dedicación en cada entrega, así como su carácter detallista y su permanente sonrisa. “Nunca lo escuché decir un ‘no puedo’ o ‘no estoy disponible’; siempre ha tenido un espíritu de servicio”, afirma.
Con gratitud
Hoy, a sus 65 años, Juan inicia una nueva etapa con el propósito de dedicar más tiempo a su familia y al cuidado de su salud.
A quienes comienzan su camino en la Universidad de Piura les deja un consejo que resume su manera de entender el trabajo: servir con cariño, actuar con responsabilidad y mantener siempre la honradez. “Que sigan para adelante”, recomienda.
Al despedirse, expresa un profundo agradecimiento a Dios por los años vividos en la universidad y a todas las personas que formaron parte de este camino. “Les agradezco mucho a todos los profesores y a los demás trabajadores de la universidad por el apoyo que me han dado y, sobre todo, por el cariño”, expresa.
Después de más de cuarenta años de servicio, Juan se retira con la satisfacción de haber contribuido al crecimiento de la Universidad de Piura. Su historia deja el testimonio de una vida marcada por el compromiso, la responsabilidad y una vocación de servicio que, como él mismo resume, siempre procuró brindar “con mucho cariño”.
























