“Quizá la discusión debería centrarse en preguntarnos si el diseño institucional actual permite transformar el mejor conocimiento disponible en acción efectiva ante El Niño”.
Por Marcos Agurto. 05 agosto, 2026. Publicado en El Comercio, el 5 de agosto del 2026.Los eventos catastróficos han acompañado a la humanidad desde sus inicios. Albert Camus, en La peste, sostiene que lo que le queda al hombre después de las grandes tragedias es el recuerdo y el conocimiento. Esta reflexión también puede extenderse a los desastres naturales. El recuerdo de lo vivido es fundamental, pero tiene una limitación que la economía conductual ha estudiado ampliamente: por diseño y para poder seguir con nuestra vida cotidiana, nuestro cerebro va dejando atrás las experiencias más dolorosas y, con el paso del tiempo, disminuye la percepción de urgencia para actuar.
Mientras el recuerdo mantiene presente la experiencia del desastre —aunque cada vez con menor intensidad conforme pasa el tiempo—, el conocimiento permite comprenderlo en toda su dimensión. El conocimiento profundo registra sistemáticamente lo ocurrido, busca comprender sus causas, relaciona experiencias y desarrolla soluciones.
En el caso del Fenómeno El Niño, por ejemplo, el conocimiento permite identificar dónde no se debe construir, cómo diseñar adecuadamente el drenaje pluvial o cómo gestionar las cuencas y los cauces. En definitiva, este constituye la base sobre la cual una sociedad puede diseñar e implementar políticas de prevención y reconstrucción.
Sin embargo, el conocimiento es condición necesaria, mas no suficiente. Para que sea útil, debe traducirse en políticas públicas, en capacidad de implementación. Aquí aparece otro sesgo de la economía conductual, muy bien capturado también por Camus en La peste: el statu quo. El Niño es un fenómeno de ocurrencia incierta; no se presenta todos los años. Actuar hoy, implica costos importantes; existen otras múltiples prioridades y los incentivos de autoridades con mandatos relativamente cortos no favorecen inversiones cuyos beneficios probablemente solo serán visibles muchos años después. En contextos de corrupción, además, la poca acción que se emprende termina traduciéndose en obras de baja calidad.
La experiencia de Piura frente al Fenómeno El Niño ilustra bien este problema. Durante los últimos años se han elaborado numerosos estudios técnicos, diagnósticos y propuestas para reducir la vulnerabilidad de la región. Existe un conocimiento considerable sobre las causas del problema y sobre las principales soluciones de ingeniería y planificación territorial. Sin embargo, ni el Gobierno Regional ni el Gobierno Central han logrado implementar una solución integral que combine adecuadamente prevención, reconstrucción y gestión de largo plazo. El problema, por tanto, no parece ser la falta de conocimiento, sino la dificultad para convertirlo en decisiones oportunas, proyectos bien ejecutados y políticas sostenidas en el tiempo.
En este contexto, quizá la discusión debería centrarse en preguntarnos si el diseño institucional actual permite transformar el mejor conocimiento disponible en acción efectiva ante el Fenómeno El Niño. De no ser así, corresponde identificar qué cambios institucionales son necesarios para cerrar esa brecha entre conocimiento e implementación. Piura necesita un mecanismo institucional permanente de evaluación técnica que promueva la transparencia y la rendición de cuentas, preserve y aumente el conocimiento sobre este fenómeno, monitoree el avance de las intervenciones y obligue a justificar públicamente cualquier decisión que se aparte de la evidencia disponible.








