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Abr

2026

Teodoro Saucedo: “En la UDEP pude aprender y enseñar a otros”

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Tras 42 años de trabajo responsable en el bosque y los jardines de la universidad, Teodoro Saucedo se jubila. Aquí, sembró entrega; regó y cultivó parte de la historia del campus verde de Piura.

Por Jubitza Morales Lozada. 14 abril, 2026.

Donde ahora hay sombra, jardines y vida, Teodoro Saucedo (65) recuerda que solo era arena, sol y silencio, cuando comenzó a trabajar en la universidad, como parte del equipo de Bosque y Jardines.

“Coloche”, como lo llaman sus amigos, creció en una familia trabajadora. Sus padres, Braulio Saucedo y Matilde Correa, fueron agricultores de algodón en el Medio Piura. De ellos aprendió el delicado y duro trabajo del campo, el cual, a lo largo de sus años, ha ejercido con valor y responsabilidad.

“Un hombre recio, de carácter tranquilo, sereno, y profundamente respetuoso. Es un trabajador incansable, que sembró con entrega y con un ejemplo que perdura”, describe Doris Peña, jefa del área Bosque y Jardines.

“Solo era arena”

Inició su trabajo en la Universidad de Piura en 1984. Él, junto a otros14 compañeros, sería parte del naciente proyecto de reforestación de Campus Piura. “En ese entonces era prácticamente pura arena. Solo existía una franja de gras a lo largo del Edificio Principal, una en IME y otra en el edificio 80; y en la Ermita solo había cuatro palmeras reales, algunos crotos en jardineras y árboles implantados en el camino”, rememora Teodoro.

Recuerda que con sus compañeros recorrían las 130 hectáreas de terreno de la universidad para cumplir la planificación de siembra de algarrobos y garantizar su cuidado. Además, debían batallar contra el viento y las lagartijas porque “no eran nuestros amigos”. Teníamos que proteger los algarrobos con palos tutores y botellas cortadas, para que no se los comieran, menciona Teodoro con una serena sonrisa.

Expansión del jardín

Los años corrieron y, poco a poco, Teodoro y sus compañeros iban observando los resultados del trabajo: el desierto se convertiría en un hermoso campus verde.

“El primer jardín brotó al costado de la Ermita. Desde ahí, lo verde comenzó a extenderse por todo el campus. Agrega que el gras se ha ido expandiendo junto con las diferentes áreas edificables de la universidad.

El señor Saucedo afirma que, tras la implementación del sistema de riego, las áreas verdes crecieron y empezaron a llegar especies como ardillas, zorros y venados (estos últimos los trajo el doctor Ignacio Benavent) que hicieron de la UDEP un hermoso ecosistema. “De tierra pasó a un bosque lleno de vida”, resume con sencillez.

Caminatas y calor de hogar

Teodoro afirma que sus años de trabajo han estado llenos de aprendizajes, sacrificios y alegrías. Destaca que ha logrado consolidar su familia junto a Mercedes Quezada, con quien contrajo matrimonio gracias a la orientación del padre Jesús Moliné, que por entonces era capellán de la universidad.

“Nos casamos en la iglesia Nuestra Señora de Fátima. El padre Moliné nos animó a unirnos en matrimonio”, afirma. Con los años, su familia fue creciendo, con la llegada de sus cuatro hijos: Carla, Adres, Luz y Teodoro. Actualmente, tiene 8 nietos, a quienes brinda cariño y amor.

Entre los retos de sus primeros años de trabajo, Teodoro recuerda las caminatas que realizaba todos los días, de madrugada, para llegar a su trabajo. “Debía salir a las 4: 00 a. m., porque no había movilidad, todo era a pie. Yo caminaba rumbo a la universidad y de la misma forma regresaba a mi casa”, comenta. Ese esfuerzo silencioso fue parte de su rutina durante décadas.

Alegrías y amistad

Durante este tiempo en la Universidad de Piura, Teodoro ha ido consolidando buenos amigos, como Sixto Saucedo (+), José Siancas (+), Carlos Siancas, Pablo Yamunaqué y otros, con quienes compartió trabajo, risas y anécdotas.

Recuerda, aquel día que una colmena hizo correr a todos, cuando intentaban podar un arbusto. “Todititos” nos fuimos corriendo. Unos cuantos se tiraron al suelo… pura chacota, recuerda Teodoro. “Fue de película, las abejas salieron en línea y toditos salimos disparados”, comenta Pablo Yamunaqué, entre risas.

“Él para mí es un gran amigo y compañero. Siempre nos hemos apoyado; nunca nos hemos faltado el respeto”, afirma con cariño don Pablo.

Tras años de servicio en la universidad, Doris Peña, destaca que quienes trabajaron al lado de Teodoro saben “con cuanta precisión y cuidado manejaba cada herramienta”. Además, Peña expresa: “En sus manos, la poda no solo daba forma a los árboles, sino que aseguraba su salud y crecimiento”.

Por su parte, Teodoro destaca que la UDEP no solo fue un centro de labores, “sino un espacio donde aprendió y enseñó a otros”.

La universidad agradece el buen trabajo, que ha hecho posible transformar el campus desértico en un verdadero oasis lleno de vida.

¡Gracias, Teodoro!

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