El sacerdote y doctor en Filosofía Luis Romera compartió el significado y el sentido de la autenticidad humana en un encuentro con profesores de Campus Piura y Campus Lima de la UDEP.
Por Gianfranco Quispe Alarcón. 07 agosto, 2026.En la sesión en Lima, dirigida exclusivamente a docentes de la Universidad de Piura, contó con la participación de la vicerrectora de este campus, María Pía Chirinos; y, de profesores de las distintas facultades. Asimismo, en Piura, se reunió con directivos de esta casa de estudios.
El expositor es doctor en Filosofía, exrector de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz (Roma) y miembro de la Academia Pontificia de Santo Tomás de Aquino. Entre sus publicaciones destacan Itinerarios de metafísica y La actualidad del pensamiento cristiano.
Autenticidad, entre el derecho y la exigencia
El padre Romera partió de la pregunta de Martin Heidegger sobre el sentido de existir. Explicó que la libertad humana no solo produce objetos y realidades externas, sino que ante todo configura a la propia persona: “Cada acto de libertad del ser humano lo vamos configurando a nosotros, y va esculpiendo la persona que somos”.
Asimismo, sostuvo que la autenticidad es, a la vez, un derecho (pensar con la propia inteligencia y decidir con la propia libertad), una demanda frente a los demás y, sobre todo, una exigencia interior: si una persona no piensa, decide ni actúa según sus convicciones, “el primero que se sentiría deformado” será ella misma.
Precisó, además, que la autenticidad no debe confundirse ni con la espontaneidad, propia del comportamiento animal, ni con un simple ensimismarse, que puede derivar en narcisismo.
Los rostros de la inautenticidad
Por otra parte, el doctor Romera señaló que el ser humano suele caer en la inautenticidad de dos maneras clásicas: identificándose con sus “asuntos” (la profesión, la política, el deporte, el sueldo) o diluyéndose en lo que “se dice, se piensa y se actúa” socialmente. A estas formas descritas por Heidegger, añadió una modalidad contemporánea: la identificación con la inteligencia artificial.
Advirtió que la IA es, en el fondo, un conjunto de algoritmos que refleja la comprensión de quien los programó, y alertó sobre el riesgo de perder la capacidad de discernimiento cuando se delega en ella el pensar y el decidir. “El consejo que te puede dar un amigo a las tres de la mañana por teléfono es mucho más valioso que cualquier cosa que te pueda decir la IA”, aseveró.
El don que se entrega y la apertura a la trascendencia
Romera recurrió al ejemplo de un regalo de Navidad: más allá de las características técnicas de una bicicleta o su precio, lo esencial es que se trata de un obsequio de alguien que expresa así su afecto. De modo similar, sostuvo, la verdad más profunda de las cosas es que son un don, y que la plena realización de la persona no está en mirarse a sí misma, sino en donarse a los demás.
Consultado sobre qué ocurre cuando la religión se vive sin espiritualidad, fue tajante: sin interioridad, la religiosidad se reduce a instrucción intelectual y a comportamientos o rituales en los que, advirtió, “la persona está, pero no se sabe dónde”.
Planteó que uno de los grandes desafíos actuales de la Iglesia católica es recuperar la riqueza de la contemplación cristiana, que definió como distinta a otros estados de conciencia, pues “siempre pasa por Cristo”.
Romera cerró su intervención subrayando el papel de la Universidad como espacio no solo de formación técnica, sino también de reflexión sobre el sentido de la existencia.
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