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Jun

2023

Artículo de opinión

La novela del dictador en Hispanoamérica

Mario Vargas Llosa ha mencionado que el novelista es esencialmente un inconforme que, al estar en desacuerdo con la realidad que lo rodea, se siente obligado a cambiarla, si no directamente, al menos con la escritura.

Por Paola Celi. 27 junio, 2023. Publicado en El Peruano, el 24 de junio de 2023.

Parte de las naciones que conforman Hispanoamérica han sufrido las consecuencias de los regímenes dictatoriales, caracterizados por el abuso de poder y la violación de los derechos humanos. Esta realidad, a su vez, ha sido fuente de inspiración de la narrativa hispanoamericana, específicamente de las novelas del dictador.

Lo que unifica a estas novelas es que comparten el tema del poder personal dentro de la narrativa del continente: «Tal ha sido la primacía y la asiduidad de la novela en el tópico del tirano que se ha llegado a convertir en un subgénero literario» (Scherman, 2003, p. 13), que ha prevalecido distintos movimientos. Muestra de ello son los casi 150 años que hay entre la publicación de Amalia (1851) y la de La fiesta del Chivo (2000); por lo que podemos afirmar que se trata de uno de los subgéneros más importantes y de larga tradición de la literatura hispanoamericana.

Como se ha mencionado, los referentes históricos son la inspiración de este subgénero, ya que ayudan a configurar a los personajes, sobre todo, al protagonista (el dictador). Algunos ejemplos son La fiesta del Chivo de Mario Vargas Llosa, obra basada en la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo, quien gobernó República Dominicana desde 1930 hasta 1961; y Amalia de José Mármol, cuyo referente es la dictadura de Juan Manuel de Rosas en Argentina, de 1829 a 1852.

Pero más allá de su inspiración histórica, las novelas del dictador son puramente literatura creada por novelistas que se preocupan constantemente por los problemas de América Latina: «La literatura permite ir más allá de plantear que una dictadura es un régimen represivo, permite mostrarlo de hecho en una manifestación vívida de esa represión» (Sandoval, 1989, pp. 12-13).

Por tanto, el dictador como personaje es puramente ficcional, a pesar de que en algunos casos se utiliza el nombre propio y real del tirano. Por ejemplo: José Manuel Rosas (Amalia), Rafael Leonidas Trujillo (La fiesta del Chivo) y Antonio López de Santa Anna (El seductor de la Patria).

Dentro de la extensa lista de novelas del dictador, cabe destacar El señor Presidente (1946), de Miguel Ángel Asturias, obra en la que se produce un salto de lo mimético a lo simbólico, es decir, es un intento de aprehender “un arquetipo latinoamericano”, una figura clave que ayude a comprender la sociedad hispanoamericana. Asturias logró plasmar la triste realidad que, por ese tiempo, era constante en muchos países de Latinoamérica. El Presidente puede ser Estrada Cabrera, Porfirio Díaz, Juan Manuel de Rosas, Santos Banderas, Leonidas Trujillo o cualquier otro que haya sometido bajo su poder a algún pueblo latinoamericano.

Pero más allá de su carácter simbólico, es evidente que este autor se apoyó en su conocimiento vivencial de la realidad cultural y política de Centroamérica o, por lo menos, se inspiró en alguna de sus dictaduras. Estas sospechas fueron promovidas por el propio Asturias, cuando en una entrevista afirmó que los años que vivió durante el gobierno de Estrada Cabrera habían contribuido a dotar las páginas de El señor Presidente de sentimientos y experiencias almacenados desde su niñez.

En esta novela, el Presidente goza del poder absoluto, consecuencia de su mitificación. Valle Inclán ya había sugerido algunas cualidades sobrenaturales en Tirano Banderas; sin embargo, el nivel mítico en la construcción del personaje del dictador es uno de los aportes más significativos de Asturias al subgénero. Para hacer del dictador una figura mítica, Asturias utiliza varios recursos como la analogía con el dios Tohil, que en la leyenda priva a los hombres del fuego, dejando al mundo en tinieblas, carente de calor y de vida. El Presidente y Tohil son crueles y sanguinarios, dejan el mundo lleno de oscuridad y provocan terror en los hombres.

Al igual que todos los autores de las novelas del dictador, Asturias es el símbolo del estrecho compromiso entre el escritor y la realidad hispanoamericana. Mario Vargas Llosa ha mencionado que el novelista es esencialmente un inconforme que, al estar en desacuerdo con la realidad que lo rodea, se siente obligado a cambiarla, si no directamente, al menos con la escritura. Es decir, la contribución del novelista no reside en la resolución misma de los problemas (de la dictadura, en este caso), sino más bien en la exposición de la realidad desde la ficcionalidad literaria y siempre con una estética particular. Una realidad que muchas veces supera esa ficción.

Este es un artículo de opinión. Las ideas y opiniones expresadas aquí son de responsabilidad del autor.

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