26

Sep

2022

ARTÍCULO DE OPINIÓN

La búsqueda del hijo perfecto

La vida humana embrionaria merece un respeto absoluto, sin embargo, el afán por asegurar su salud e incluso el deseo de conseguir mejores cualidades nos está conduciendo a una mentalidad utilitaria.

Por Jaime Millás Mur. 26 septiembre, 2022. Publicado en Exaudi

La vida humana embrionaria merece un respeto absoluto, sin embargo, el afán por asegurar su salud e incluso el deseo de conseguir mejores cualidades nos está conduciendo a una mentalidad utilitaria con el consiguiente desprecio de los que no alcanzan nuestros estándares.

Genomic Prediction, una empresa dedicada a predecir si el embrión sufrirá determinada enfermedad, proclama en su spot publicitario: “Tiene los ojos de su madre, pero ¿también heredará su diagnóstico de cáncer de mama?”. Como vemos, no se trata de una enfermedad monogénica como la fibrosis quística o la betatalasemia, sino de una patología poligénica como es el cáncer. Para Natan Treff, director científico, es un tema personal ya que a sus 24 años le diagnosticaron diabetes 1. Después de una década de investigación la compañía oferta pruebas que calculan el riesgo de sufrir enfermedades poligénicas, basándose en millones de ADN.

Esta y otras compañías, según publica la revista Nature, se dedican a probar embriones producidos por Fecundación in vitro (FIV) y clasificarlos para que los padres elijan los que tengan menor riesgo de patologías como el cáncer o la diabetes. Incluso algunos hablan de seleccionar rasgos como la inteligencia.

Las pruebas de diagnóstico pre-implantatorio (PGT, por sus siglas en inglés) para trastornos genéticos y anomalías cromosómicas son actualmente una práctica corriente en la industria de FIV, no así las referidas a condiciones poligénicas (PGT-P) que solo son ofrecidas por algunas pocas empresas en lugares donde no están reguladas, también en Estados Unidos y Brasil. Aseguran la detección de diversas afecciones como esquizofrenia, diabetes, cáncer o problemas cardíacos.

Tanto a los profesionales de la bioética como a los investigadores les inquieta que los modelos genómicos para esas pruebas son muy frágiles para pronosticar el riesgo de padecer la enfermedad y, además, su costo afianza aún más la desigualdad. Por otro lado, este tipo de predicciones conlleva que, incluso, personas sin problemas de fertilidad recurran a la FIV para someter a los embriones a estas pruebas y exponerse ellos mismos a riesgos para su salud, buscando una recompensa que es en realidad una especulación según Laura Hercher consejera genética en Sarah Lawrence College en Bronxville. Nueva York. Las personas «no deberían hiperestimular sus ovarios para poder usar pruebas mediocres para elegir entre embriones», comenta.

En 1978 nació el primer ser humano concebido por FIV y posteriormente se han ideado pruebas para analizar los embriones y detectar anomalías cromosómicas y patologías monogénicas. Tanto este tipo de pruebas diagnósticas como la propia FIV conllevan aspectos éticos importantes, ya que la vida del embrión humano corre serio peligro si no es claramente despreciada y eliminada. Sin embargo, las PGT-P son aún más controversiales porque no es posible hasta el momento identificar las causas concretas de patologías como las enfermedades cardíacas, la esquizofrenia o la diabetes que, como la mayoría de las enfermedades, están relacionadas con muchos genes distintos que interactúan entre ellos y con el entorno de manera compleja.

Los datos almacenados en los biobancos contienen información del genoma, así como sobre la salud de centenares de miles de personas y eso ha llevado a los investigadores a comparar tenues diferencias en los ADN de personas que sufren o no una determinada enfermedad. Para ello usan inteligencia artificial y así pueden detectar cambios en las “letras” del ADN, que reciben el nombre de polimorfismo de un solo nucleótido (SNP) y que se dan con mayor frecuencia en el grupo afectado por la enfermedad. Estas pequeñas diferencias, por sí solas no constituyen algo significativo, pero cuando se producen por decenas o millones en un modelo, podemos calificar el riesgo. Posteriormente, se puede observar si los modelos predicen ese riesgo analizando los genomas y las condiciones de salud, para constatar si las personas con elevado puntaje en el modelo tienen efectivamente más posibilidades de padecer una determinada patología.

En 2018 una investigación ajustó un modelo que detectara SNP en referencia a la enfermedad de las arterias coronarias. Para ello utilizó miles de datos de personas con esa patología y otros tantos sin ella. Posteriormente se comprobó el modelo en un número mucho más grande de personas cuyos datos estaban en el Biobanco del Reino Unido y el resultado fue que los que resultaron con altos puntajes poseían un riesgo 3 veces mayor de desarrollar la enfermedad.

Sin embargo, estos estudios tienen limitaciones, señala Peter Visscher, genetista cuantitativo de la Universidad de Queensland en Brisbane, Australia, y pionero en los métodos en los que se basan los puntajes de riesgo para enfermedades poligénicas. Una de las dificultades es tomar sólo en cuenta las variaciones genéticas sin considerar los factores ambientales para determinar los riesgos. Además, hay que considerar que los datos en que se basan no poseen variedad geográfica y étnica porque provienen de personas de origen europeo como las que aportan información al Biobanco del Reino Unido. Por estos motivos Visscher considera que estos sistemas no se pueden aplicar para un uso corriente en la clínica y menos aún como fundamento de la selección embrionaria.

En las pruebas PGT-P, como en las PGT, se toma también una muestra de un embrión de pocas células para secuenciar su ADN y, con información de investigaciones sobre riesgos poligénicos, se buscan las variaciones relacionadas con la probabilidad de desarrollar alguna patología en el futuro. Ahora bien, secuenciar el genoma en estas circunstancias no es tan simple. MyOme, una empresa de Menlo Park en California, ha creado una técnica para reconstruir el genoma de manera muy precisa, ayudándose de los genomas de los padres.

La compañía Genomic Prediction brinda el servicio de predicción para varias afecciones poligénicas como la diabetes tipo 1 y 2, esquizofrenia, cinco tipos de cáncer y cuatro patologías del corazón. Como las clínicas de FIV suelen producir numerosos embriones para tratar de asegurar un embarazo, Genomic Prediction otorga una puntuación a cada embrión que tiene en cuenta el riesgo de una enfermedad, considerando los años que disminuiría la vida de ese embrión a causa de esa patología. Esta empresa sostiene que las pruebas diagnósticas pueden disminuir el riesgo de elegir un embrión que vaya a sufrir diabetes tipo 1. Sin embargo, esto se daría siempre y cuando se den las condiciones siguientes:  se hace la selección a partir de 5 embriones viables; la pareja tiene antecedentes de esta patología y es de ascendencia europea. En cambio, si no hay una propensión genética a la diabetes 1, sería muy raro que el hijo sufra la enfermedad. Entonces, esta prueba solo reduciría de manera muy ligera el riesgo, comenta Hercher.

Además, como refieren otros expertos, las pruebas PGT-P no son tan sólidas como para ayudar a disminuir de manera significativa el riesgo de padecer una enfermedad. Visscher, un científico que estudió la técnica PGT-P, sostiene que los embriones hermanos son muy similares y entonces la variación del riesgo entre ellos será semejante. Además, un ciclo de FIV sólo produce tres o cuatro embriones viables. Si tuviéramos 20 embriones para elegir, comenta Gabriel Lázaro-Muñoz, profesional dedicado a la bioética de la Facultad de Medicina de Harvard, las pruebas diagnósticas tendrían mayor utilidad. Aunque Treff está de acuerdo con estos comentarios, considera que la más pequeña disminución del riesgo justifica el uso de PGT-P. Sin embargo, Francesca Forzano, genetista clínica en Guy’s and St. Thomas’ NHS Foundation Trust en Londres, opina que no se condice con la ética ofrecer una prueba sin evidencia suficiente de su efectividad. “Una cosa es cuando no tienes otras opciones, como cuando le ofreces a un niño muy enfermo algo fuera de la etiqueta, pero aquí no hay etiqueta para empezar”, refiere Forzano, presidenta del Comité de Políticas Públicas y Profesionales de la Sociedad Europea. de Genética Humana en Viena, Austria.

Hercher sostiene que la demostración de la efectividad de estas pruebas es una tarea enormemente complicada ya que para ello habría que hacer seguimiento de los nacidos que se han seleccionado mediante estas pruebas diagnósticas y comprobar cuántos de ellos desarrollan lo previsto por el PGT-P en comparación con los aquellos que no fueron sometidos a esas pruebas. Este estudio tendría una larga duración y debería incluir a miles de personas. Como esto es complicado y actualmente no se cuenta con datos de ensayos longitudinales, los científicos han creado modelos por medio de la calificación retrospectiva de adultos. Shai Carmi, genetista estadístico de la Universidad Hebrea de Jerusalén en Israel, junto a su equipo, fabricaron genomas virtuales para embriones simulados combinando secuencias de ADN de pares de varones y mujeres creados de modo aleatorio.

Posteriormente aplicaron puntajes de acuerdo con las PGT-P. Suponiendo que los padres cuentan con 5 embriones para elegir, el resultado sería que podrían esperar un incremento de 2,5 cm. de altura y 2,5 puntos de coeficiente intelectual encima del promedio, al decir de los científicos. La empresa Genomic Prediction, con una metodología semejante y empleando datos del Biobanco del Reino Unido, con la técnica PGT-P aplicada a 40,000 personas en grupos de 10, y comparando al individuo con el más alto puntaje en cada grupo con el resto, llegaron a la conclusión de que la prueba disminuía el riesgo de optar por un embrión con elevada posibilidad de sufrir una de las 20 patologías detectadas: la esperanza de vida se incrementaba entre un día y un mes.

El problema de los análisis retrospectivos, dice Leila Jamal, experta en bioética del Instituto Nacional del Cáncer de EE. UU. en Bethesda, Maryland, es la dificultad de anticipar qué condiciones serán inseguras cuando los embriones diagnosticados mediante las pruebas PGT-P alcancen la vejez. “El panorama del tratamiento está cambiando muy rápidamente”, refiere Jamal. Además, también la técnica de los puntajes poligénicos ha prosperado y los métodos actuales podrían ser pronto obsoletos o incorrectos, comenta Forzano.

Algunos investigadores como Hercher consideran que PGT-P podría ser de utilidad en la diagnosis de aquellas personas con antecedentes familiares de patologías que se diagnostican al comienzo de la vida, como la diabetes tipo 1. La razón es que se considera que los factores ambientales influyen menos en estas enfermedades. “Es este momento único en el que puedes detener este paradigma de transferir enfermedades y discapacidades de una generación a la siguiente”, dice Rabinowitz. Sin embargo, ver a los embriones desde la perspectiva de puntajes que reflejen su estado de salud, inquieta a otros científicos ya que podría incrementar el estigma alrededor de algunas patologías como las que se refieren a la salud mental. Para Lázaro-Muñoz, el diagnóstico de trastorno de salud mental es mucho más determinante de la identidad personal que el de un cáncer o una enfermedad del corazón. “Esto nos lleva un paso más cerca de que las personas reduzcan su versión de lo que es aceptable en un niño”, dice Hercher.

Por ese motivo, en la busca del hijo perfecto, algunas personas podrían someterse a tratamientos de FIV superfluos, dice Norbert Gleicher, fundador y director del Centro para la Reproducción Humana, una clínica de FIV en la ciudad de Nueva York. Tengamos en cuenta que las tasas de éxito de la FIV son bajas y esto llevará de manera necesaria al descarte de embriones perfectamente sanos pues siempre se buscará algo mejor, incrementando el número de ciclos.  “La primera regla en medicina es ‘no hacer daño’, no ‘obtener un pequeño beneficio si lo hay’”, refiere Gleicher.

La regulación de este tipo de pruebas varía entre los diferentes países. En los Estados Unidos no hay una supervisión pormenorizada por parte de la FDA. En cambio, en el Reino Unido la Autoridad de Embriología y Fertilización Humana (HFEA) ha determinado que sólo se usen para evitar “enfermedades hereditarias graves”, y ha concluido que no hay consenso científico sobre la validez de las pruebas. Hercher se interroga si la existencia y difusión de las pruebas PGT-P modificará el sentido de la paternidad, y le inquieta que las personas puedan “comprar” características anheladas, “alejándonos (…) de ser incondicionales en nuestro respeto por nuestros hijos y en cambio [orientándose] hacia una mentalidad consumista”.

En conclusión, la prueba PGT-P para el diagnóstico pre-implantacional de embriones humanos está muy lejos de ser precisa y aplicarla es contrario a la ética. Por otro lado, estas reflexiones nos deberían ayudar a retomar el respeto incondicionado a la vida humana incipiente y por eso más vulnerable, por lo que tampoco se justifican las pruebas PGT ni la misma FIV que dejan en el camino miles de seres humanos con el objetivo de obtener el hijo deseado, meta que cada vez es más exigente y sometida a un estricto control de calidad.

Este es un artículo de opinión. Las ideas y opiniones expresadas aquí son de responsabilidad del autor.

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