Es la persona, al fin y al cabo, un haz de relaciones sociales. Luego, la libertad individual es por demás ilusoria. Lo real —lo contante y sonante— es la libertad del Estado.

Por Luis Eguiguren. 28 junio, 2021. Publicado en El Peruano

El Himno Nacional del Perú es uno de los símbolos de la patria. A honrarlo, en el Bicentenario de la Independencia, van dedicadas estas líneas en torno a sus primeras palabras: “Somos libres, seámoslo siempre”.

Nuestra Carta Magna comienza así: “El Congreso Constituyente Democrático, invocando a Dios Todopoderoso, obedeciendo el mandato del pueblo peruano y recordando el sacrificio de todas las generaciones que nos han precedido en nuestra Patria, ha resuelto dar la siguiente Constitución”. En atención a la citada invocación a Dios Todopoderoso, se propone, como punto de partida, esta frase evangélica: “La verdad los hará libres”. Frase sapiencial, por ello, fundamentalmente orientadora para la vida individual y social.

Apreciando “el sacrificio de todas las generaciones que nos han precedido” atendamos a la etimología del término “verdad”. ¿Cómo lo fueron gestando nuestros antepasados? Proviene del latín “veritas”, sustantivo abstracto. En su condición de abstracto debería derivar del adjetivo más concreto: “verum”, verdadero. Yendo también de lo concreto a lo abstracto —de lo sensible a lo intelectual— “verum”, a su vez, provendría de la raíz proto-indoeuropea “wer”, que se refiere a lo que es seguro, aquello en que podemos apoyarnos porque nos defiende de posibles males.

En el idioma inglés, “verdad” es “truth”, término cuyo origen se considera vinculado al de “trust”: confianza, seguridad. Esta última, palabra inglesa, está impresa los billetes del dólar: “In God we trust”: “En Dios confiamos”. Entonces, en el vocablo “truth”, de origen germánico, se encuentra también relación con la palabra “seguridad”.

John Locke, entre los principales forjadores de la democracia moderna, sostuvo: “Tengo razones para creer que aquel que me tuviera en su poder, sin mi consentimiento, usaría de mí como mejor le pareciera, y me destruiría también, cuando se le antojara. Porque nadie puede desear tenerme en su poder a menos que quiera coaccionarme por la fuerza contra aquello que es el derecho de mi libertad… Ser libre de tal fuerza es la única seguridad de mi conservación”. Por esto, la autoridad suprema, el Estado, debe resguardar, a cada uno de sus ciudadanos de tal fuerza nefasta. La democracia moderna permite la libertad individual dentro del marco de las leyes. Se puede colegir así que, la autoridad política debe ofrecer en sus tres poderes (legislativo, judicial y ejecutivo) la verdad: seguridad de libertad para cada uno de los ciudadanos.

En la expresión: “la verdad los hará libres”, el verbo va en futuro imperfecto. ¿Por qué? Cabe suponer, al respecto, que el arduo avance en el conocimiento de la realidad, tal como es, nos irá haciendo libres. Tanto la verdad como la libertad, según la condición humana, son en gran medida relativas, si no el ser humano sería el Ser Absoluto: quien no depende de nada. Pero no es posible que esto sea, puesto que un Ser así es único y, en realidad, hay varias personas con una misma dignidad.

Varios pensadores han reconocido en la condición humana un absoluto relativo. Pareciera una contradicción. No obstante, si se toma en cuenta el principio de no-contradicción —fundamento de cualquier saber—: “es imposible que algo sea y no sea a la vez en el mismo sujeto bajo el mismo aspecto”, notaremos que la atribución de absoluto relativo no es contradictoria, puesto que el ser humano es absoluto bajo un aspecto y relativo bajo otro. Reconocer cuál aspecto es absoluto y cuál relativo no es nada sencillo y compete mucho a todos, la solución a que se llegue.

Hay quienes encuentran motivos para sostener que lo absoluto es el Espíritu Humano colectivo, que se encarnaría en el Estado. Según esta asunción de corte idealista —porque toma una idea: la de Estado, como sujeto real—, la persona natural, es una cierta abstracción: falaz percepción, ilusión óptica o auditiva. Es la persona, al fin y al cabo, un haz de relaciones sociales. Luego, la libertad individual es por demás ilusoria. Lo real —lo contante y sonante— es la libertad del Estado. “Somos libres seámoslo siempre” sería alusivo al Estado.

Por otro lado, no son pocos los que tienen razones para sostener, como Locke, que lo relativo es el Estado. Relativo a los ciudadanos, porque el Estado está en función de proteger los derechos de cada uno de ellos, empezando por el derecho a la vida en libertad. “Somos libres seámoslo siempre” sería alusivo a cada persona.

Las posiciones esbozadas se debaten. “Somos libres, seámoslo siempre” depende de en cuál de ellas esté la verdad.

Este es un artículo de opinión. Las ideas y opiniones expresadas aquí son de responsabilidad del autor.

Comparte: