Cada 28 de abril, la conmemoración del Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo nos recuerda que trabajar no debería enfermarnos.
Por Rosa Cornejo Briceño. 27 abril, 2026. Publicado en diario Correo, el 26 de abril de 2025Sin embargo, uno de los riesgos más invisibles en los entornos laborales actuales no es físico, sino emocional.
Hoy es cada vez más frecuente encontrar profesionales que cumplen con sus funciones, alcanzan metas y sostienen su rendimiento, pero internamente están agotados; funcionan, pero no están bien.
Este desgaste tiene nombre: burnout. La Organización Mundial de la Salud lo define como el resultado del estrés laboral crónico no gestionado, caracterizado por agotamiento, distanciamiento emocional y disminución de la eficacia profesional.
Desde la psicología ocupacional, este fenómeno no es solo individual, sino que responde a condiciones de trabajo sostenidas en el tiempo. Factores como la sobrecarga laboral, la falta de control, los horarios extensos o entornos poco saludables forman parte de los llamados riesgos psicosociales, los cuales impactan directamente en la salud mental y física de los trabajadores.
El problema es que este desgaste se ha normalizado. Vivir cansados, responder fuera de horario o postergar el descanso se ha vuelto parte de la cultura laboral. Con el tiempo, esto no solo afecta el rendimiento, sino también la vida personal; aumenta la irritabilidad, desconexión emocional, conflictos en las relaciones y una sensación constante de agotamiento.
Hablar de seguridad y salud en el trabajo va más allá de prevenir accidentes; implica reconocer que el bienestar emocional es una condición básica para un trabajo sostenible, porque el verdadero riesgo no es el estrés ocasional, sino acostumbrarse a vivir en ese estado.
Cuando eso ocurre, ya no estamos hablando de trabajo, sino de salud.








