La salud digital no reemplaza el criterio profesional, al contrario, lo hace aún más necesario. Esta representa un camino de innovación constante que alcanza su mayor impacto cuando se desarrolla con calidad.
Por Aracelly Gómez. 16 febrero, 2026. Publicado en El Peruano, el 14 de febrero de 2026.¿Cómo lograr que la tecnología en salud no solo modernice los sistemas, sino que también fortalezca la confianza y mejore el cuidado de las personas? En el ámbito de la salud, la tecnología se convierte en una gran aliada cuando se utiliza con criterio, calidad y una visión clara de servicio; contribuye a ordenar procesos, mejorar las prácticas clínicas y administrativas, apoyar la toma de decisiones oportunas y permitir la identificación sistemática de oportunidades de mejora. Por ello, hablar de salud digital es necesariamente hablar de calidad, de información confiable y de procesos bien definidos, pues solo en ese marco las herramientas tecnológicas cumplen su propósito más importante: brindar un mejor cuidado, más seguro y continuo, a las personas.
Aunque muchos países buscan adaptarse al ritmo de los avances tecnológicos, en salud el desafío no es solo avanzar rápido, sino hacerlo de manera ordenada, útil y sostenible. Entidades internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) señalan que la salud digital requiere planificación estratégica, liderazgo claro, marcos normativos definidos, personas capacitadas y recursos sostenidos en el tiempo. Cuando estos elementos no están presentes, la digitalización puede quedar reducida a iniciativas aisladas, poco articuladas y con impacto limitado en la atención. Los sistemas de información en salud muestran su verdadero valor cuando logran integrarse, interoperar entre instituciones y niveles de atención, facilitar el intercambio oportuno de información y acompañar al paciente a lo largo de todo su proceso de cuidado, desde la prevención hasta la recuperación.
El Perú ha venido dando pasos importantes en la transformación digital del sector salud. El Ministerio de Salud (Minsa), como ente rector del Sistema Nacional de Salud, viene impulsando este proceso. En ese contexto, la Agenda Digital del Sector Salud hacia el 2030 traza un camino para ordenar, integrar y mejorar el uso de la información en los servicios de salud. A esto se suma el desarrollo de la telesalud, que ha permitido acercar la atención sanitaria a muchas más personas, especialmente en lugares donde antes el acceso era difícil o limitado.
Desde una mirada centrada en la calidad, el mensaje es sencillo pero contundente: sin información confiable, no hay seguridad para los pacientes ni mejora continua. Sin procesos claros, la tecnología puede acelerar los problemas en lugar de resolverlos; y, sin cuidado de la información y principios éticos, los riesgos tecnológicos pueden afectar directamente la atención de la salud. Además, el uso creciente del análisis de datos y de herramientas digitales en la toma de decisiones exige responsabilidad y buen criterio.
En este proceso, la gobernanza de la información cobra un rol estratégico. Contar con normas claras, responsabilidades definidas y mecanismos de evaluación permite asegurar que los datos en salud sean completos, oportunos y protegidos. La confianza ciudadana en salud necesita tener sistemas transparentes que garanticen el uso adecuado de la información personal y clínica. La interoperabilidad, la seguridad de los datos y la trazabilidad son condiciones indispensables para que la transformación digital.
Este escenario plantea un reto importante para los futuros profesionales de la salud. Quienes hoy se están formando ejercerán en un sistema donde la información, los indicadores y las herramientas digitales tendrán un papel cada vez más relevante. No hace falta que todos sean expertos en tecnología, sino que comprendan que un registro incompleto puede afectar decisiones, así como una herramienta digital mal utilizada puede generar errores y que una atención a distancia sin pautas claras puede romper la continuidad del cuidado.
La salud digital no reemplaza el criterio profesional, al contrario, lo hace aún más necesario. Esta representa un camino de innovación constante que alcanza su mayor impacto cuando se desarrolla con calidad. Si aspiramos a un sistema moderno sin perder lo esencial como la seguridad del paciente, el trato humano y el buen juicio profesional, necesitaremos personas capaces de comprender tanto la atención en salud como el uso responsable de la tecnología. El futuro no nos pide dejar atrás lo que funcionó, nos invita a mejorarlo, con herramientas que estén al servicio de las personas.








