Durante décadas, hablar de responsabilidad social significaba, principalmente, referirse a programas sociales, voluntariado corporativo o iniciativas filantrópicas.
Por Julio Hernández. 11 septiembre, 2026.Actualmente, el modo de entender la responsabilidad empresarial frente a sus grupos de interés ha evolucionado significativamente; el desafío es mayor.
Hoy, se trata de incorporar la sostenibilidad en la forma en que se gobierna las empresas, definen sus estrategias, evalúan riesgos y oportunidades y establecen objetivos para medir su desempeño sostenible. Organismos internacionales, inversionistas, mercados de capitales y organismos reguladores de estándares han contribuido a que los asuntos ambientales, sociales y de gobernanza se integren progresivamente en las decisiones empresariales.
Uno de los principales cambios consiste en considerar la sostenibilidad como parte de las decisiones de la dirección, alineada con la estrategia empresarial y objetivos claros. Esto requiere una adecuada gobernanza, capaz de identificar y supervisar los principales asuntos de sostenibilidad que pueden afectar a la organización.
Los factores ambientales y sociales pueden convertirse en riesgos empresariales cuando afectan las operaciones, costos, ingresos, activos, acceso al financiamiento o reputación. Pero, también pueden generar oportunidades mediante una mayor eficiencia productiva, nuevos productos y mercados, tecnologías más limpias o mejores relaciones con trabajadores, clientes, proveedores y comunidades. Por ello, una vez identificados los asuntos materiales, la empresa debe establecer estrategias, objetivos medibles que permitan evaluar su desempeño en el corto y largo plazo.
El cambio climático muestra claramente esta relación. El desafío empresarial no consiste únicamente en medir y reducir sus emisiones o mejorar su eficiencia energética, sino también en evaluar cómo el clima puede afectar sus operaciones y cadena de valor. Actualmente, el Fenómeno El Niño constituye un ejemplo cercano: lluvias, inundaciones, deslizamientos y daños en carreteras pueden interrumpir la producción, las cadenas logísticas y el abastecimiento de materias primas y generar mayores costos por la vulnerabilidad de los proveedores. Gestionar estos riesgos supone identificar las operaciones más expuestas y desarrollar estrategias de prevención, adaptación y continuidad.
Otros asuntos ambientales son igualmente relevantes en el Perú. La eficiencia en el consumo de agua resulta fundamental ante su escasez en determinadas zonas del país. Asimismo, una mejor gestión de energía y materiales, la reducción y valorización de residuos mediante la economía circular, la protección de la biodiversidad y el desarrollo de productos sostenibles y seguros pueden disminuir impactos ambientales y, simultáneamente, generar eficiencia, innovación y oportunidades de mercado.
La sostenibilidad también es clave en su dimensión social. Las condiciones laborales, la salud y seguridad laboral, la igualdad de oportunidades y la formación dignifican más el trabajo y ayudan al desarrollo de las personas. Estas prácticas generan beneficios empresariales al fortalecer el compromiso, mejorar la productividad y facilitar la atracción y retención de talento. Esta responsabilidad se extiende hacia proveedores, clientes y comunidades. En un país con importantes brechas sociales y territoriales las empresas pueden contribuir al desarrollo al robustecer capacidades, promover mejores prácticas entre sus proveedores y generar impactos positivos en las comunidades donde operan.
¿Este desempeño de sostenibilidad puede generar valor? Aunque algunas acciones requieren inversiones y pueden incrementar costos en el corto plazo, sus efectos deben evaluarse con una perspectiva más amplia. La eficiencia energética, hídrica y de materiales puede reducir costos; la prevención laboral evita contingencias; una mejor gestión de proveedores fortalece la cadena de suministro; y la innovación sostenible puede generar nuevos productos, mercados e ingresos. A ello se suman una mejor reputación y una mayor confianza de los grupos de interés.
En este contexto, la aplicación obligatoria en el Perú de los estándares internacionales de sostenibilidad del ISSB, prevista para el 2029, debería verse como una oportunidad. Los próximos años permitirán fortalecer la gobernanza, identificar mejor riesgos y oportunidades y, especialmente, definir estrategias, objetivos y métricas de sostenibilidad vinculados con el desempeño y las perspectivas financieras. El reto no debería ser esperar al 2029 para reportar, sino aprovechar este periodo para integrar progresivamente la sostenibilidad en la gestión y en la creación de valor empresarial.









