Ahora mismo los piuranos transitan entre calles inundadas, obras inconclusas, y un sofocante calor que se entremezcla con nubes de polvo que anuncian la llegada de las enfermedades respiratorias.
Por Fernando Huamán. 03 noviembre, 2026. Publicado en el diario El ComercioEsta fotografía no es nueva. Se trata de una imagen repetida en cada periodo lluvioso, en cada llegada del fenómeno El Niño (FEN).
La provincia tiene 340 cuencas ciegas, lo que indica no solo las particularidades del terreno, sino la falta de planificación en el desarrollo urbanístico desde hace décadas. Por ello, cuenta con un deficiente sistema de drenaje pluvial que hoy se apoya en los Sistemas Alternativos de Recolección y Evacuación de Aguas de Lluvia (SARE), pero que aún están en periodo de prueba. Al mismo tiempo, existe población que vive en zonas de drenaje natural o en lugares que imposibilitan trabajar en el cauce del rio Piura.
Aunque no son todos los motivos de la crisis piurana, sí brindan un panorama de la complejidad del problema y de la necesidad de señalar múltiples responsables: autoridades de distintas gestiones y de distintos niveles de gobierno, líderes políticos y mediáticos, organizaciones sociales con intereses particulares, y la ausencia de una cultura de prevención instalada en los usos y costumbres de la ciudadanía. La crisis es más histórica que coyuntural, y se ha visto potenciada por la inestabilidad política de los últimos años.
Pero el panorama actual no solo es preocupante por los efectos de las lluvias, sino porque se ha instalado en la ciudadanía la sensación de incertidumbre. Evidenciar que los actores políticos, mediáticos y civiles están buscando responsables únicos no contribuye a disminuir el miedo. Estamos asistiendo a la instrumentalización política del FEN, en medio del fragor de la campaña por la segunda vuelta al Gobierno Regional, y la búsqueda de legitimidad social por parte del Gobierno nacional.
Es momento de retomar los matices, las explicaciones técnicas, y pedir la colaboración de los distintos niveles de gobierno, de la academia, los colegios profesionales, los colectivos civiles y el empresariado. Ante la inminente tragedia se requiere dejar el enfrentamiento y estar disponibles para la cooperación. La historia siempre es sabía y nos enseñará, más adelante, quien hizo bien y quien se equivocó. Por el contrario, si la incertidumbre se convierte en miedo, se romperá el conectivo social, cada quien buscará salvarse individualmente, y no podremos estar unidos.








