“Para que algo salga bien, hay que planificarlo y poner los medios desde el principio”, me decía mi abuelo. Hoy, lamentablemente, esa sabiduría se ha perdido en una cultura volcada a la espontaneidad, la incertidumbre y el individualismo.

Por Renato Cárcamo. 02 octubre, 2026. Publicado en diario Correo, el 19 de setiembre del 2026

Así, El Niño regresa tras casi una década y nos halla igual de desarmados. El viejo dicho “guerra avisada no mata gente” ya no se cumple. No pretendo defender al actual gobierno, pero resulta sintomático de esta inmediatez que a solo unos pocos meses ya le exijan resultados.

La inestabilidad política ya es parte de nuestro paisaje cotidiano: cambiamos de presidente constantemente sin que parezca afectarnos. Esta máxima de “nada a largo plazo” desorienta la planificación, disuelve la confianza y divorcia la voluntad de nuestras acciones.

Hoy el éxito no exige previsión, sino flexibilidad y reinvención acelerada; virtudes globales tan convenientes para los empleadores. “Resiliencia”, le llaman los expertos.

Bajo esta lógica, las crisis ya no son fallas sociales estructurales, sino culpas individuales. Por eso huimos de los compromisos permanentes.

Hoy nos toca encarar a El Niño en absoluta soledad. ¿Quién podrá salvarnos? ¿A dónde vamos como humanidad?, se preguntaba León XIV.

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