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Jun

2026

ARTÍCULO

Desigualdad alimentaria en el sur del Perú

En el Perú, el problema no es la falta de alimentos, sino la desigualdad en el acceso a ellos. Producir más no significa necesariamente comer mejor.

Por Agustín Gamarra Sampén. 02 junio, 2026. Publicado en semanario El Tiempo, el domingo 31 de mayo 2026

La gastronomía peruana se encuentra en la cúspide culinaria mundial. Nuestra cocina ha sido declarada Patrimonio Cultural de las Américas; los restaurantes siguen ganando los primeros lugares en los rankings globales y las prácticas y significados asociados al ceviche fueron declarados Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco. Ambos galardones contrastan con la escasa calidad del acceso alimenticio en el país. ¿Cómo la estructura territorial produce desigualdad alimentaria?

Hay una evidente contradicción territorial entre el producto bruto interno (PBI) generado por la agricultura —que asciende aproximadamente a 11 640.09 millones de soles en el segundo trimestre del año pasado—, y los 17.6 millones de peruanos que sufren inseguridad alimentaria moderada o severa, con un gran porcentaje de niños menores de tres años que padecen anemia. Esta es una muestra de que, en un país que es el cuarto exportador más grande de América Latina, no existe una falta de alimentos, sino una grave desigualdad en el acceso a ellos.

¿Tiene lógica que en los campos agrícolas donde se genera la producción, también se construya una demografía desnutrida? Esta situación no solo afecta a las comunidades campesinas o indígenas, sino también a los que viven en las ciudades. Un problema que antes se asociaba solo al paisaje rural, hoy ingresa a los hogares urbanos y periféricos, específicamente en ciudades como Arequipa, Cusco, Ayacucho, Huancavelica, Huánuco, Cerro de Pasco y Juliaca. Este no es un problema de producción, sino de acercar el alimento a todos los sectores.

Al comprender que producir más no significa comer mejor, lo siguiente será asimilar que el territorio no solo produce sino, también, transforma vidas. Casos emblemáticos que pueden tomarse como referencia en Latinoamérica son Colombia y Brasil, con paisajes culturales dedicados al café, reconocidos por la Unesco. Estos funcionan como redes capilares de pequeños productores y miles de familias integradas al sistema; también está el caso de Paraisópolis, en Sao Paulo, donde se implementó la distribución comunitaria de huertos urbanos en zonas de alta pobreza.

Estos ejemplos no son “programas sociales” sino políticas nacionales de planificación urbana con enfoque alimentario que apuntan a la raíz del problema. Por ello, es necesario integrar el acceso a los alimentos en los planes urbanos y evitar la expansión sin equipamientos productivos que soporten esa nueva población. Al mismo tiempo, para los cuerpos urbanos consolidados, la agricultura urbana y periurbana puede convertirse en un soporte estratégico que complemente la dieta, reduzca la dependencia externa de ciertos productos y genere un tejido comunitario que pueda establecerse en el llano, laderas, cerros y terrenos baldíos.

Después de establecer una planificación territorial alimentaria, lo siguiente en la lista sería generar mercados de proximidad para la distribución directa de alimentos, como microcomercios con infraestructura mínima de baja inversión y alto impacto, donde los productores locales puedan realizar ventas directas sin intermediación. Todo esto debe sumarse a una red de corredores cortos de abastecimiento que pueda crear rutas organizadas del campo a la ciudad y que reduzca la volatilidad de precios, fortalezca las economías locales y profesionalice las condiciones de las organizaciones sociales autogestionadas existentes.

Estas redes de cooperación pueden asentarse en nuevas tipologías de edificios híbridos alimentarios (mercados y comedores), que combinen cultura, educación y comercio, y brinden formación nutricional, talleres interactivos, venta de alimentos y capacitación a los nuevos productores.

Estos edificios también servirían como puntos de acopio para los tiempos de emergencia, sequías o plagas. Estarían ubicados estratégicamente en periferias urbanas de alta inseguridad alimentaria, para conformar paisajes culturales que repartan equitativamente los recursos y, así como la gastronomía peruana, sean motivo de orgullo y admiración mundial.

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