En los primeros años del siglo XIX, Motupe tenía una mala fama.
Por Carlos Zegarra Moretti. 21 mayo, 2026. Publicado en el semanario El Tiempo el 17 de mayo del 2026Autoridades y moradores coincidían en que los montes, sobre todo, se hallaban “llenos de ladrones y malhechores” e, incluso, se llegó a afirmar que era tierra de asesinos y sin dominio de la autoridad. Esta situación crítica generó la intervención de una instancia virreinal, cuya responsabilidad era frenar la delincuencia.
La Santa Hermandad era una institución de origen castellano, cuyo primer encargo era buscar y sancionar a quienes delinquían en territorios alejados de las ciudades; un claro antecedente de la actual policía. Estaba integrada por cuadrilleros y, sobre todo, por alcaldes que solían pertenecer a los cabildos municipales. En 1801, el alcalde de la Hermandad de Piura era Serafín del Castillo. Uno de los asuntos que lo ocupó fue un tumulto sucedido en Chóchope, en las cercanías de Motupe (actual Lambayeque).
Hasta allí acudieron el teniente de la alcaldía de la Hermandad y sus dos cuadrilleros para apresar a un aparente ladrón de reses. Los acontecimientos que siguieron nos acercan a las dificultades de combatir la delincuencia, en donde se diluyen acusaciones de abuso de poder y formas de resistencia a la autoridad.
El arresto del “reo criminoso” no progresó, pero sí desencadenó una serie de eventos violentos en contra de las actuaciones de los oficiales del orden. Miembros de una familia local, los Villanueva, impidieron el encarcelamiento, especialmente su peón, el indio José Mariano, se opuso armado de una asta y con la faltriquera llena de piedras. Por este atrevimiento, llegó a ser amarrado. Ante este nuevo episodio, Anacleto Villanueva y su madre Martina Ruiz intentaron liberar a su criado, lo que llevó a un intenso intercambio de palabras. La tensión fue en aumento y el uso de las armas, por parte de los representantes de la justicia, agravó aún más la situación. Solamente cuando Martina recibió un corte en el brazo se pudo calmar la reyerta.
Tras ello, la comitiva regresaba con dos prisioneros, José Mariano y Anacleto, por menosprecio y resistencia a la justicia. Sin embargo, un episodio agravaría la situación. Camino a la cárcel, Hilario, otro hijo de Martina, asaltó a la cuadrilla y con cuchillo “de marca mayor” en mano hizo lo posible para liberar a los cautivos. Después de una pelea, el asaltante fue abatido y apresado.
Si bien esta narración incide en el desacato a la autoridad y justicia real cometido por los de Motupe, en el descargo presentado por Esteban, otro de los Villanueva, se sugirió que lo que motivó la actuación de la comitiva fue la venganza por “otros sentimientos particulares”, lo que se aprovechó para cometer otros delitos e intentar ocultarlos en las supuestas actuaciones de los Villanueva.
Finalmente, el alcalde Serafín del Castillo aceptó el pedido de absolución, reconociendo los excesos cometidos por ambas partes. La delincuencia no se combate con violencia.








