Antes de hablar de fraude, conviene mirar los datos con cuidado. En este caso, la evidencia no respalda la tesis planteada: las distribuciones no son idénticas y el patrón observado es consistente con un comportamiento electoral esperable.
Por Gustavo Carrasco Fonseca. 11 mayo, 2026. Publicado en semanario El Tiempo, el domingo 10 de mayo de 2026Uno de los argumentos más recientes a favor de la tesis del fraude electoral es la similitud en la distribución de votos entre las mesas de código 900 000 en 2021, las mesas 900 000 en 2026 y las de la región Cajamarca en 2026. Quienes sostienen esta postura afirman que las tres distribuciones son un “espejo exacto”, algo que tendría una probabilidad casi nula de ocurrir de forma natural.
Sin embargo, al revisar los mismos datos utilizados como evidencia, la afirmación no se sostiene. Cabe aclarar que los partidos no ocupan el mismo puesto en los tres grupos, por lo que el análisis compara únicamente los porcentajes de los siete primeros puestos. La pregunta es: ¿son idénticas las distribuciones? La respuesta es no. Las diferencias son visibles al graficar los resultados y no requieren mayor explicación.

Aun así, vale la pena ir un paso más allá y plantear una segunda pregunta: ¿ las tres distribuciones tienen una forma idéntica, aunque los porcentajes difieran? De ser así, ello configuraría una situación estadísticamente anómala. Para saberlo, se pueden transformar los datos asignando el valor 100 al primer puesto de cada grupo y recalculando los demás de forma proporcional dentro de su grupo. Este procedimiento permite comparar la forma de cada distribución sin importar los porcentajes reales. El resultado sigue siendo el mismo: las distribuciones no son idénticas. Cajamarca cae más bruscamente del primer al segundo lugar, mientras que las mesas 900 000 caen de forma más gradual, aunque los tres grupos muestran un comportamiento similar.

Surge una tercera pregunta: ¿esta similitud es evidencia de manipulación? Una explicación alternativa es que la distribución observada en los tres grupos refleja un comportamiento electoral: cuando un partido tiene un alto nivel de arraigo en un grupo de mesas, tiende a concentrar el voto en el primer lugar y a comprimir los resultados de sus competidores. Este patrón no es atípico. De hecho, también puede observarse en 2026 en regiones como Amazonas, Apurímac, Huancavelica, la provincia de Morropón e incluso en las mesas de votación de Australia. Todos estos grupos muestran un comportamiento similar cuando se transforman los porcentajes. Por tanto, la similitud no es una evidencia de manipulación.

Antes de hablar de fraude, conviene mirar los datos con cuidado. En este caso, la evidencia no respalda la tesis planteada: las distribuciones no son idénticas y el patrón observado es consistente con un comportamiento electoral esperable.








