Cada 8 de marzo recordamos la historia, las luchas y los avances conquistados por las mujeres. Sin embargo, hoy quiero detenerme en algo más simple y profundamente poderoso: la alegría de estar viva siendo mujer.

Por Rosa Cornejo Briceño. 08 marzo, 2026.

Ser mujer no es solo resistir, sostener, cumplir y demostrar fortaleza. Ser mujer es movimiento, es creación, es la capacidad de habitar la sensibilidad y el coraje en un mismo cuerpo. Es llorar un día y al siguiente levantarse, arreglarse y salir al mundo con la frente en alto. Y eso no es contradicción, es fuerza.

Durante mucho tiempo, nos dijeron que ser fuertes era no quebrarnos. Sin embargo, la verdadera fortaleza está en reconocer nuestras grietas y reconstruirnos. Está en mirarnos al espejo y reconocernos valiosas no por perfección, sino por historia: por todo lo que hemos atravesado y por lo que aún somos capaces de construir.

Este Día Internacional de la Mujer no debería limitarse a conmemorar lo que hemos superado. Es una oportunidad para celebrar lo que somos: la mujer que trabaja y se esfuerza; la que sueña en grande; la que ama con intensidad; la que se reinventa cuando las circunstancias cambian; la que cae y vuelve a intentarlo.

Permitámonos disfrutar. Ponernos lindas si queremos, usar ese vestido que nos encanta, salir a caminar, bailar, reír fuerte. No porque tengamos que demostrar algo, sino porque podemos y porque disfrutar también es un derecho. Ser mujer no es únicamente sostener responsabilidades; también es habitar la alegría.

Elegir la alegría es un acto de valentía. Es comprender que no necesitamos permiso para brillar ni para ocupar nuestro lugar; afirmar que nuestra vida no se reduce a lo que damos a otros, sino que incluye lo que nos damos a nosotras.

Que este día no sea solo una fecha en el calendario, sino una declaración personal y consciente: estoy viva, estoy creciendo, estoy aprendiendo y merezco una vida que me haga sentir plena. Celebrarme viva es mi acto de valentía.

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