06

Ene

2023

La Constitución de 1993 cumple treinta años y, a pesar de sus permanentes detractores, resulta evidente la legitimidad de ejercicio que permitió la alternancia política con mayor duración en nuestra historia republicana.

Por Carlos Hakansson. 06 enero, 2023. Publicado en Correo, el 5 de enero.

Fuente: ANDINA.

La Constitución de 1993 cumple treinta años y, a pesar de su polémico origen, sus permanentes detractores, reformas nefastas y un golpe de Estado fallido para convocar una asamblea constituyente, resulta evidente la legitimidad de ejercicio que permitió la alternancia política con mayor duración en nuestra historia republicana (elecciones generales, regionales, municipales), consultas populares y transiciones democráticas extraordinarias conforme al artículo 115 CP. En lo jurídico, es el texto con mayor desarrollo jurisprudencial que resulta imposible de comprender prescindiendo de los fallos y precedentes del Tribunal Constitucional. No es una página en blanco como sus predecesoras.

La Constitución de 1993 y la Carta Magna de 1979, como su antecedente inmediato, son dos textos que abrazaron la internacionalización de los derechos fundamentales: la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) y la Convención Americana (1969) entre otros importantes instrumentos. La Corte Interamericana de Derechos Humanos, órgano supranacional de protección a los derechos y libertades, ha producido el control de convencionalidad que hemos asimilado propiciando un “diálogo jurídico” sin precedentes entre la Corte IDH y nuestro máximo intérprete sobre el contenido de los derechos fundamentales.

Las constituciones nacen para perdurar, corregirse en el tiempo y nunca abolirse. La Carta de 1993 necesita enmendar los “desajustes vizcarristas” y que el Tribunal Constitucional cumpla progresivamente en revertir decisiones contraproducentes que tomó entre 2017-2019, especialmente sobre las instituciones de nuestra forma de gobierno. La Constitución peruana de 1993 no es perfecta (¿existe alguna que lo sea?), pero sí perfectible con el empeño de su clase política e imperio del Derecho.

Este es un artículo de opinión. Las ideas y opiniones expresadas aquí son de responsabilidad del autor.

Comparte:
es_ESES