El Día Mundial para la Prevención del Suicidio debe ser una invitación a cambiar la narrativa, a promover algo más profundo que simplemente hablar del tema; debe movernos a la comprensión, la empatía y el apoyo.

Por Rosa Cornejo Briceño. 09 septiembre, 2026. Publicado en semanario El Tiempo, el 6 de septiembre de 2026

Hay conversaciones y preguntas que dejamos para después, a veces porque no sabemos cómo empezar, y preferimos la rutinaria y casi automatizada pregunta “¿estás bien?”, por la que esperamos de respuesta un simple “sí, gracias”. Quizá por eso, suicidio sigue siendo una palabra que cuesta decir en voz alta. Nos asusta, nos incomoda y, muchas veces, preferimos rodearla de silencio; del silencio que no siempre protege.

La Organización Mundial de la Salud reconoce el suicidio como un fenómeno complejo y multifactorial. No existe una única causa que permita explicar por qué una persona llega a una conducta suicida: pueden interactuar factores psicológicos, sociales, familiares, biológicos y situaciones de crisis. Por eso, después de una muerte, buscar una explicación única puede ser tan injusto como insuficiente. Más que intentar encontrar una respuesta inmediata al “¿por qué?”, necesitamos aprender a reconocer el sufrimiento que muchas veces permanece invisible.

Y aquí surge algo muy importante, que todavía nos cuesta como sociedad: hablar. Hablar de suicidio de manera responsable no significa provocarlo. La OMS señala que existen intervenciones eficaces para prevenirlo y que el estigma y el tabú pueden alejar a las personas de la ayuda que necesitan. Preguntar, escuchar y acompañar no solucionan por sí solos una crisis, pero pueden convertirse en el primer puente hacia la atención profesional.

Por eso, el próximo 10 de setiembre, Día Mundial para la Prevención del Suicidio, debe ser una invitación a cambiar la narrativa, a promover algo más profundo que simplemente hablar del tema; debe movernos a pasar del silencio y la vergüenza a la comprensión, la empatía y el apoyo. Esto significa dejar de buscar culpables, de romantizar el dolor o de construir explicaciones apresuradas y empezar a hablar de salud mental, de esperanza y de posibilidades de ayuda.

Quizá prevenir no siempre comienza con una gran intervención. A veces, empieza cuando alguien se atreve a preguntar “¿cómo estás realmente?” y está dispuesto a quedarse para escuchar la respuesta; o cuando dejamos de minimizar el dolor de otro porque no entendemos lo que está viviendo; cuando pedir ayuda deja de sentirse como una derrota y se convierte en un acto de valentía.

No podemos controlar todo lo que una persona atraviesa, pero sí podemos contribuir a que no tenga que enfrentarlo completamente sola. Prevenir también es estar atentos, escuchar sin juzgar y permanecer cuando la respuesta nos incomoda. Una conversación no necesariamente resuelve una crisis; sin embargo, puede abrir una puerta hacia la ayuda. De ese modo, cuando alguien siente que no encuentra salida, el saber que todavía existe una puerta puede marcar la diferencia. No dejemos que el silencio sea nuestra única respuesta.

Si tú o alguien cercano atraviesa una crisis emocional, busca ayuda. En Perú, mediante la línea 113, opción 5, se brinda orientación y apoyo psicológico gratuito las 24 horas, todos los días del año.

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