A finales del siglo XIX, todo el Perú sufría por la derrota en la Guerra del Pacífico, uno de los golpes más duros en el proceso de construcción de la identidad nacional.
Por Carlos Zegarra Moretti. 01 septiembre, 2026. Publicado en el Semanario El Tiempo el 30 de agosto del 2026A lo largo del territorio, los peruanos sintieron la obligación de contribuir en la reconstrucción del país, sobre todo en la recuperación de las llamadas provincias cautivas: Tacna y Arica. Un caso concreto fue el del piurano Teófilo Ramos o, al menos, así parecía inicialmente.
En junio de 1892, la Junta Departamental de Piura recibió una solicitud de Ramos, donde mostraba su compromiso patriota y los servicios dispuestos a prestar en la coyuntura de posguerra. Escribió que todo peruano, “cualquiera que sea su condición”, tiene el deber “de llevar el pequeño contingente de sus servicios para el engrandecimiento de su patria”. En su caso, este deber lo movió a solicitar encargarse gratuitamente del cuidado del “jardín de la plaza de armas”. Así, el dinero ahorrado por la municipalidad se destinaría al “aumento de las colectas” para rescatar las provincias cautivas. El pedido fue rápidamente aceptado. Sin embargo, las intenciones de Ramos parecían no ser del todo desinteresadas.
Un año después, Ramos indicó que su intención al encargarse del cuidado del jardín, el cual ya mostraría mejoras notables, no era gratuita, sino que solicitaba el pago de 50 pesos mensuales para cubrir los gastos de mangueras y el reparo de acequias. Lo restante se destinaría “para el rescate de Tacna y Arica”, aunque también podría destinarse “para el fomento de la instrucción”. La propuesta añadía otras medidas que “darán una buena entrada al jardín”.
De este modo, Ramos solicitaba encargarse, además del cuidado ornamental del jardín, de “establecer un baño de agua y levantar un kiosko”, con lo que se buscaba hacer más atractiva la plaza. Como bien lo advirtió el síndico procurador de la junta departamental al leer la nueva solicitud, lo que realmente proponía Ramos era un “contrato sobre prestación de servicios”. El aparente patriotismo de Ramos devino en una propuesta de negocios con el gobierno local. Esta iniciativa fue considerada de provecho y se sugirieron cláusulas para redactar un contrato. ¿Se llegó a celebrar? ¿Contó la plaza de armas de Piura con una atractiva caída de agua y un alegre quiosco?
Sabemos que al menos existieron en la imaginación que tenía Ramos para Piura, lo cual iba acorde a los ideales de modernización del país. Si bien podemos cuestionar su estrategia de utilizar un supuesto discurso patriótico para establecer un vínculo con la municipalidad, notamos la convivencia de intereses lucrativos y nacionales entre la población. Entre jardines y, como vemos en una fotografía de pocos años después, frondosos árboles, la plaza de armas de Piura era uno de los espacios donde se soñaba un futuro para Piura.








