Los sismos registrados en La Guaira y Caracas (Venezuela), de magnitud aproximada 7.2 y 7.5 Mw; en Junín (Perú), de 5.1Mw; y en Colombia, de 7.4Mw, vuelven a plantear una pregunta: ¿estamos preparados para enfrentar un terremoto de gran magnitud?
Por William Araujo Navarro. 24 agosto, 2026. Publicado en semanario El Tiempo, el 23 de agosto 2026La respuesta no es sencilla. Para entender qué puede ocurrir durante un terremoto es importante conocer tres elementos: el suelo donde vivimos, el tipo de sismo y las construcciones que habitamos.
El suelo
Existen suelos duros o firmes y suelos sueltos o blandos. Los firmes, como la roca o las zonas muy compactas, transmiten el movimiento de la tierra de forma más rápida y sin amplificarlo.
En cambio, los suelos blandos, como las arenas o terrenos cerca de los ríos o el mar, pueden hacer que el movimiento se perciba con mayor intensidad. En casos extremos, estos suelos pierden su consistencia como si se “ablandaran” con el movimiento, un fenómeno conocido como licuación del suelo donde el terreno se comporta, temporalmente, como si fuera agua o lodo y afecta la estabilidad de las construcciones.
Así, un movimiento sísmico puede causar daños muy distintos, dependiendo del tipo de suelo sobre el que está construida una ciudad.
Los sismos no son iguales
En el Perú, la mayoría de sismos se producen por el choque entre dos grandes bloques de la Tierra: las placas tectónicas de Nazca y de Sudamericana. Cuando estas placas chocan y una se desliza debajo de la otra, se generan los sismos de subducción. Estos suelen ser profundos y pueden sentirse en grandes extensiones del país. También existen los sismos superficiales, que ocurren más cerca de la superficie terrestre; aunque afecta áreas más pequeñas pueden sentirse con mucha fuerza en la zona cercana al epicentro.
En términos simples, no solo importa qué tan grande es un sismo (magnitud sísmica), sino qué tan profundo ocurre y qué tan cerca estamos de él.
Las edificaciones
Este tercer elemento responde de manera diferente ante un sismo. Cada edificación vibra de una forma particular, dependiendo de su altura y diseño. A veces, el movimiento del suelo puede coincidir con la forma en que vibra un edificio, lo que origina que este se sacuda con más intensidad. A este efecto se le conoce como resonancia y puede aumentar los daños. Sin embargo, lo más importante no es la altura del edificio, sino cómo ha sido diseñado y construido.
Una vivienda construida de acuerdo a las normas de seguridad tiene más probabilidad de resistir un sismo de gran magnitud, sin colapsar. En cambio, las construcciones hechas sin asesoría técnica, con materiales de baja calidad o sin supervisión, son mucho más vulnerables.
¿Qué ocurriría en Piura?
Si analizamos la ciudad, encontramos una combinación particular de factores. Gran parte de sus viviendas están construida sobre suelos arenosos, que amplifican el movimiento durante un sismo.
Con estas condiciones se presentan dos escenarios. El primero, es las construcciones seguras, aquellas que siguieron las normas técnicas y donde un sismo fuerte causarías daños moderados y reparables. Se reduciría, significativamente, el riesgo de pérdidas humanas.
El segundo, es las construcciones vulnerables, predominan viviendas edificadas sin asesoría, con ampliaciones improvisadas y sin estudios del terreno. El riesgo aumenta y se presentarían daños graves.
La verdadera preparación
Después de cada sismo solemos preguntarnos cuándo ocurrirá el próximo gran terremoto. Sin embargo, esa no es la pregunta más importante. La verdadera pregunta es: ¿qué tan seguras son nuestras ciudades cuando ese terremoto ocurra?
No podemos evitar los sismos. El Perú está ubicado en una zona donde estos eventos seguirán ocurriendo. Lo que sí podemos hacer es reducir el riesgo: construir de manera formal, respetar las normas técnicas, realizar estudios del suelo antes de edificar y fomentar una cultura de prevención.
En realidad, los terremotos no son los que causan las mayores tragedias, sino la combinación de suelos vulnerables y construcciones inseguras. La mejor forma de protegernos no es esperar al desastre, sino prepararnos antes de que ocurra.








