25

Mar

2026

ARTÍCULO DE OPINIÓN

La dramática búsqueda del “outsider”

Existen razones suficientes para afirmar que parte del electorado está en la búsqueda de un outsider.

Por Fernando Huamán. 25 marzo, 2026. Publicado en el diario El Comercio el 25 de marzo del 2026

Si hay algo que caracteriza la vida política del Perú de los últimos años es la sensación de incertidumbre. Los ejemplos para sostener esta afirmación son innumerables, pero quizás el más evidente sea el hecho de haber conocido a ocho presidentes en diez años. Aunque la raíz del problema la podemos encontrar en la desequilibrada relación de poder entre el Ejecutivo y Legislativo, en las denuncias de corrupción a los expresidentes, y en el cálculo político de quienes han privilegiado la ovación de la opinión pública y los intereses partidarios por encima de las lógicas institucionales, lo cierto es que la ciudadanía está cansada de estos juegos de poder y manifiesta su desafección política en el alto porcentaje de indecisos que no sabe por quién votar.

Las crisis políticas de los últimos años –y meses– nos brindan luces para entender cómo se va configurando el perfil de los electores en el Perú. Si revisamos algunos indicadores referidos a la conducta de nuestra clase política, ya sean las encuestas de opinión o los informes internacionales como el índice de Corrupción de Transparencia Internacional y el Índice de Democracia The Economist, vemos que existe una constante: ha crecido el porcentaje de peruanos que rechaza a los actores que han participado, con independencia de su responsabilidad objetiva, de la inestabilidad política de los últimos años.

Si bien la erosión institucional que vive el Perú tiene una relación directa con la desafección política, también es cierto que estos fenómenos no impiden que los electores opten por un candidato cuando ingresan a la cámara de votación. Si revisamos las elecciones presidenciales del 2016 y del 2021, comprobaremos que, al margen de los sinsabores de la política, el porcentaje de quienes votaron en blanco y viciado se mantiene prácticamente igual. En otras palabras, es viable pensar que los indecisos se encuentran expectantes, como dentro de una “olla a presión” social, pero que finalmente desfogarán su potencial electoral en una alternativa inesperada el próximo 12 de abril.

Este panorama explica por qué el rechazo a los actores del establesment político se manifiesta en las fluctuantes preferencias electorales de las últimas semanas, donde más de un candidato ha recibido el apelativo de outsider. Desde luego, el grupo de indecisos no es un conglomerado homogéneo, por el contrario, está conformado por ciudadanos que manifestarán un voto de protesta según sus filias y fobias ideológicas (votos y antivotos). Por ello, tiene sentido que no aparezcan en las primeras mediciones de las encuestas, porque necesitan de ciertas certezas del tablero electoral para ejercer un voto cuasi estratégico. La fluctuante intención de voto a candidatos como Carlos Álvarez, Carlos Espá, Alfonso López Chau, Wolfgang Grozo y Jorge Nieto es muestra de ello.

Los distintos termómetros del escenario político señalan que los indecisos, en su mayoría, están orientados hacia el centro y hacia la izquierda, aunque también los hay de una derecha que no se siente representada por los actuales liderazgos. Si a esto le sumamos que la campaña de quienes encabezan las encuestas se ha dirigido a fortalecer el llamado voto duro, cabe la posibilidad de que alguno de estos líderes no pase a segunda vuelta. Aunque los debates presidenciales serán clave para perfilar este escenario, existen razones suficientes para afirmar que parte del electorado está en la dramática búsqueda del outsider.

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