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2026

¿Proteger sin imponer? Interculturalidad en el caso Mashco Piro ante la CIDH

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El pueblo indígena Mashco Piro pide ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos la protección e intangibilidad de su territorio ante el avance de la actividad extractiva minera y tala ilegal.

Por Deyna Alexandra Cornejo Zárate. 15 octubre, 2026. Publicado en diario El Tiempo, el 11 de octubre del 2026

El 24 de setiembre se realizó una audiencia pública en la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) del pueblo indígena Mashco Piro contra el Estado peruano por la falta de protección territorial y atención a denuncias que vulneran sus derechos. En 2024, la Comisión Interamericana presentó el caso, pero, ante la no implementación de medidas recomendadas por el organismo internacional, fue llevado ante la CIDH. La sentencia aún está pendiente.

El magíster Alberto Requena, profesor del Programa Académico de Gestión Cultural de la UDEP, sostiene que en la Corte IDH se discute si el Perú cumplió con su deber de protegerlos, y que ahora hay que esperar la sentencia. Su territorio, explica, ha sido presionado durante décadas por la tala, la minería y otras actividades, algunas de ellas con concesiones otorgadas por el propio Estado.

Pueblo Mashco Piro

El aislamiento “voluntario”

Los Mashco Piro son un pueblo indígena amazónico que vive en la región de Madre de Dios en un territorio que comparte con otros pueblos. Requena explica que se suele entender su aislamiento como voluntario porque han decidido no mantener contacto sostenido con el resto de la sociedad, y subraya: “La palabra “voluntario” es importante porque nos recuerda que ellos lo han decidido así, es una parte de su autonomía”.

Ahora bien, existen algunas razones históricas que han podido ayudar a esa decisión: se piensa en la explotación del caucho a finales del siglo XIX e inicios del XX. A ello se suman razones muy concretas: no tienen defensas inmunológicas frente a enfermedades comunes, como una gripe, que para ellos podría ser mortal. “Aislarse es, en parte, una forma de cuidarse”.

Una cuestión de derechos, no solo ambiental

Para Requena, el caso no debe verse solo como un problema ambiental. Desde el desarrollo humano, explica, el bienestar no se mide solo en ingresos o infraestructura, sino en “la libertad real que tienen las personas y los pueblos para vivir la vida que valoran”. Si se mira únicamente como un asunto ambiental, el centro de la conversación termina siendo el bosque y las personas desaparecen del cuadro. “Protegerlos no es un mero hecho de ‘conservación’. Es una obligación del Estado”, sostiene.

Pero advierte que proteger no es tutelar: “tampoco se trata de congelarlos ni de hablar en su nombre. Se trata de garantizar que las decisiones sobre su futuro sean suyas”. Ahí, afirma, el enfoque intercultural se hace necesario. Frente a ideas como la “inclusión” o el “reconocimiento”, plantea preguntas incómodas: “¿quién me está incluyendo y hacia dónde?” y “¿qué significa que me reconozcas? ¿Por qué eres tú quien me reconoce a mí? ¿Y, no yo a ti?”.

¿Qué enseña el caso sobre interculturalidad?

Requena afirma que la interculturalidad “no es solo “tolerar” al diferente, al otro, al distinto, sino reconocer que hay variadas formas legítimas de entender el mundo y de organizar la vida”. Reconoce que esto último “es sujeto de mucha controversia”, pues la diversidad cultural tampoco puede usarse para amparar prácticas que lesionen la dignidad humana.

Recuerda además que “ninguna cultura es una burbuja congelada en el tiempo: todas cambian y se transforman. Lo que marca la diferencia es si el cambio es elegido o impuesto”. Al Estado le toca crear condiciones de respeto, y a la sociedad, aprender a escuchar.

¿Por qué importa a quienes vivimos lejos de la Amazonía?

Requena señala que “lo que se decida en este caso marcará un precedente de cómo trata el Perú a sus pueblos más vulnerables”. Además, los bosques regulan el clima, el agua y la vida de todo el país, y el caso es también un espejo: “así como los tratemos podremos ser tratados”. “Un país diverso no se mide por cuántas culturas tiene, sino por cómo las escucha”, afirma.

Agrega que el reto es no caer en reduccionismos sobre este caso o limitarlo a un solo saber. Destaca la necesidad de mirada interdisciplinar que permita una visión integral del problema. “El caso plantea una pregunta de fondo: cómo proteger a un pueblo sin imponerle decisiones que le corresponden a él”, puntualiza.

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