02

Mar

2026

ARTÍCULO DE OPINIÓN

La comercialización del ocio

En los últimos meses, los piuranos han abarrotado los centros comerciales, disfrutando de la inauguración de nuevas tiendas y disfrutando del mejoramiento de la infraestructura.

Por Paola Celi. 02 marzo, 2026. Publicado en el diario El Peruano el 28 de febrero del 2026

Esto, desde luego, representa un avance en la inversión y el dinamismo económico de la región; no obstante, también suscita una preocupación legítima y de carácter humanístico: ¿se sigue reduciendo el ocio al simple consumismo?

Las redes sociales son vitrinas del ocio en Piura. Basta con ver nuestras publicaciones, las de nuestros amigos y conocidos para entender “cómo nos estamos divirtiendo”. Probablemente, todas las fotos reflejen una misma temática: comida y shopping; pero, rara vez, una puesta teatral, un musical, un club de lectura.

Ya lo advertía el reconocido profesor de filosofía y psicología Carlos González Serrano: “Las grandes ciudades albergan cada vez menos espacios públicos en los que poder reunirse sin el imperativo del consumo; se reducen los parques, los bancos en los que sentarse. El negocio no tolera espacios “inútiles” donde detenerse, contemplar o conversar y aislarse del consumo”. Un ejemplo es la estrecha relación que se ha establecido entre tomar un café y entablar una conversión. ¿Cuándo ha sido la última vez que usted, estimado lector, ha charlado con un amigo por un buen rato, sin estar consumiendo alguna bebida o postre?

Evitar la comercialización total de la vida implica, en primera instancia, conocer las formas en que el simple “tiempo libre” se convierte en ocio. Se puede practicar algún deporte, arte o ciencia (distinta a la del trabajo formal), una afición (coleccionar), una actividad no competitiva (pescar) o actividades de proyección social, ayudando a otros de manera desinteresada. Sin embargo, han ido ganando terreno las formas de ocio que se relacionan cada vez más con el consumismo, las que Stebbins clasifica como “ocio casual”, que casi no requieren habilidades: juegos de azar, encuentros sociales (conversaciones, fiestas) y estimulación sensorial (beber, comer).

Con estas últimas hay que tener mucho cuidado, pues, al ser placenteras y gratificantes, pero efímeras, pueden convertirse en actos superficiales de “matar el tiempo libre” y en una búsqueda ansiosa de “evitar el aburrimiento”. Además, requieren de gastos de dinero que afectan el presupuesto mensual de cada ciudadano. Por ejemplo, si la forma en que una persona se entretiene es yendo a jugar al casino, corre un gran riesgo de perder dinero y generar una adicción.

En segundo lugar, es necesario pensar en los otros y su importancia en el ocio. Por lo general, consumir cada fin de semana tiene un carácter individualista: comprar un café, ropa, perfumes, skincare para uno mismo. Aunque los centros comerciales estén abarrotados de familias, se puede ser testigo de que cada integrante está mirando los productos que le interesan para su bienestar personal. En este sentido, una actividad no competitiva, como la pesca, por ejemplo, implica una interacción a un nivel más profundo: coordinar, planificar, organizar y conversar con los compañeros de esta travesía. Desde luego, también hay formas de ocio que son más personales, pero no por ello egoístas, como leer literatura o coleccionar monedas.

En tercer lugar, la elección de una u otra forma de ocio no es responsabilidad total del ciudadano; mucho tienen que ver las autoridades locales y la arquitectura de la ciudad. Aunque se entiende que los lugares cercados se mantienen más limpios y ordenados, su privatización reduce drásticamente las posibilidades de practicar el ocio sin gastar dinero. Un claro ejemplo es que, actualmente, si un grupo de personas quiere jugar un partido de fútbol, difícilmente, encontrará una losa deportiva de libre acceso, sino que tendrá que recolectar dinero para alquilar una cancha sintética.

Se requiere, por tanto, generar oportunidades de ocio significativo (no lucrativo), ya sea ofrecido por las autoridades o creado por agrupaciones de profesionales y amigos. También es de mucha ayuda que las universidades sigan fomentando actividades culturales abiertas al público y mejorando su difusión. Que resuenen más los encuentros literarios, musicales y artísticos que un Black Friday.

No faltará quien diga que dejar de consumir es sabotear el progreso de los negocios. ¿Es realmente así? La respuesta tajante y absoluta es NO. Somos muchos piuranos y la semana tiene tantos momentos que, fácilmente, podríamos equilibrar nuestro ocio y el consumismo, destinando, incluso, algunas actividades para conversar, respirar aire puro, caminar o bicicletear; para vivir y no consumir.

 

 

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