02

Mar

2026

ARTÍCULO

Enamórate de ti, porque el amor propio es salud

Aprendimos las reglas de cortesía antes que las de supervivencia emocional y a cuidar el corazón de los demás como si fuera de cristal; pero nadie nos entregó el manual para cuidar de nosotros.

Por Rosa Cornejo Briceño. 02 marzo, 2026. Publicado en diario Correo, el 1 de marzo de 2026

Nos enseñaron a amar, pero nos enseñaron a amarnos; esta omisión se convierte en la sombra del adulto. Veo a diario en consulta personas que se desbordan por otros, mientras se secan por dentro; que callan lo que sienten para que el otro no se marche, si descubre que tiene necesidades propias. Son personas que entregan todo esperando, desesperadamente, ser elegidos. El problema nunca es cuánto aman, sino cuánto se han abandonado en el camino.

Cometemos el error de romantizar el sacrificio. Aplaudimos a quien “lo da todo” por una relación, aunque pierda su paz y su dignidad. Confundimos intensidad con amor y dependencia con compromiso. Sin embargo, la psicología nos dicta una verdad incómoda: nada sano crece desde la carencia. Las relaciones que perduran no se alimentan de mitades que se necesitan, sino de seres íntegros que se eligen.

Amarse no es un eslogan motivacional. Es el tono de voz que usas contigo mismo cuando fallas. Es el respeto por tus “no” y la capacidad de acompañarte en la vulnerabilidad. Muchos temen que el amor propio los vuelva egoístas; pero, sucede lo contrario: quien se respeta, puede respetar genuinamente. El amor propio no aísla, ordena; no endurece, fortalece.

Cuando no existe una base interna sólida, buscamos fuera el oxígeno (validación, seguridad y sentido de vida); pero, si ese suministro externo falla, sobreviene el abismo. Esa urgencia no es amor, es miedo a la propia compañía.

Enamorarse de uno mismo es, en el fondo, un proceso de reconciliación. Es perdonar a la persona que fuimos y entender que merecemos afecto sin necesidad de un currículo de méritos para ser “suficientes”. Al final, el amor más importante de tu vida no es aquel que juró quedarse para siempre, sino el que decides construir contigo mismo, cada día, con el gesto valiente de elegirte.

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