Desde la psicología, sabemos que impacta profundamente en la identidad, en las emociones, en los vínculos y en la forma en que una persona se relaciona consigo misma y con el mundo.
Por Rosa Cornejo Briceño. 02 febrero, 2026. Publicado en el diario Correo el 1 de febrero del 2026Hablar de cáncer no es solo hablar de una enfermedad física. Desde la psicología, sabemos que impacta profundamente en la identidad, en las emociones, en los vínculos y en la forma en que una persona se relaciona consigo misma y con el mundo.
Atravesar un diagnóstico de cáncer implica miedo, incertidumbre, cansancio extremo y, muchas veces, una lucha silenciosa contra la tristeza y la soledad. El cuerpo de quien lo padece enfrenta el tratamiento, pero la mente también necesita sostén.
Numerosos estudios han demostrado que el estado emocional influye directamente en el sistema inmunológico, en la adherencia al tratamiento y en la capacidad de afrontar la enfermedad.
Por eso, el acompañamiento emocional no es un complemento, sino que es una parte del proceso de sanación. Sentirse escuchado, validado y acompañado reduce el riesgo de depresión, fortalece los recursos internos y permite que la persona no se sienta sola en uno de los momentos más vulnerables de su vida.
Se puede decir que no se trata de “ser fuertes todo el tiempo”, sino de no tener que enfrentar el dolor en soledad. La presencia de otros, una palabra un gesto o una compañía constante pueden marcar una diferencia profunda en cómo se vive la enfermedad.
El Día Mundial contra el Cáncer, que será el 4 de febrero, nos invita a mirar más allá del diagnóstico y a recordar la importancia de estar, de acompañar, de sostener. Porque el tratamiento puede salvar el cuerpo, pero es la presencia la que sostiene el alma. Y, cuando algún ser querido padece el cáncer, estar y no irse también es una forma de amar.








