El mensaje del Nobel 2025 puede leerse como una reafirmación de la interdependencia entre paz y democracia, especialmente relevante para regiones como América Latina, históricamente expuestas a tensiones externas y a ciclos de inestabilidad institucional.
Por Susana Mosquera Monelos. 08 enero, 2026. Publicado en diario Expreso, el 30 de diciembre de 2025El Premio Nobel de la Paz 2025 otorgado a la líder opositora venezolana María Corina Machado adquiere una especial relevancia en un contexto internacional marcado por el debilitamiento del multilateralismo, la persistencia de conflictos armados y una creciente erosión de las instituciones democráticas.Más allá de su valor simbólico, el Nobel de la Paz funciona como un instrumento de soft power normativo: señala prioridades éticas y políticas del sistema internacional y refuerza la idea de que la paz sostenible solo es posible allí donde existen democracia, Estado de derecho y respeto efectivo de los derechos humanos.
En este marco, el mensaje del Nobel 2025 puede leerse como una reafirmación de la interdependencia entre paz y democracia, especialmente relevante para regiones como América Latina, históricamente expuestas a tensiones externas y a ciclos de inestabilidad institucional. La distinción cobra mayor significado si se vincula con la nueva estrategia de Estados Unidos hacia la región, que muestra elementos que recuerdan —aunque no de forma explícita— a la lógica de la Doctrina Monroe.
La renovada atención estadounidense sobre América Latina responde a factores geopolíticos claros: la competencia con China y otros actores, la seguridad regional, la migración y el control de recursos estratégicos. Sin embargo, este reposicionamiento plantea interrogantes desde el Derecho internacional. La reactivación de esquemas de influencia o tutela regional entra en tensión con los principios de soberanía, igualdad jurídica de los Estados y no intervención, pilares del orden internacional contemporáneo. El riesgo es que la defensa de la democracia se vuelva selectiva o instrumental, debilitando su legitimidad.
Frente a esta dinámica, la integración regional latinoamericana aparece no como una alternativa ideológica, sino como una necesidad jurídica y política. Una región fragmentada es más vulnerable al intervencionismo; una región cohesionada puede fortalecer su autonomía, resolver conflictos por vías institucionales y elevar estándares comunes de protección democrática y de derechos humanos.
En definitiva, el Nobel de la Paz 2025 interpela a América Latina a repensar su lugar en el sistema internacional: la paz duradera no se impone desde fuera, se construye desde instituciones democráticas sólidas y una integración regional efectiva.








