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Feb

2023

El carnaval en Piura, visto por un inglés en 1864

A mister Hamilton le fue muy mal en los carnavales de ese año. La gente lo tomó como un pajarraco extraño, como una araña exótica, desde que llegó a Piura. Le perseguían a sol y a sombra.

Por Carlos Arrizabalaga. 28 febrero, 2023. Publicado en Semana, el 26 de febrero de 2023.

Fotos: Andina.

Ya no se celebran carnavales, pero eran unos días de gran alegría en Piura hasta hace pocos años. El 23 de febrero de 1936 el periódico describe con tono festivo el entierro de Ño Carnavalón y entrevista al rey feo del carnaval que se hace llamar Harold I, quien que en su testamento hacía mil bromas y chistes con nombres alusivos pero inventados, a León Dañón, por ejemplo le deja “un naipe marcado para que se desquite de las pérdidas en el juego”. El director en ese entonces era Elías Alvarado Z. Ese año, las páginas de El Tiempo daban cuenta de las celebraciones del carnaval piurano (fiestas, batallas con cascarones, músicas, bailes) y además daba cuenta de este reporte:

Revisando papeles viejos, encontramos la narración del explorador británico John Hamilton, sobre sus viajes a América. Se trataba de un “globe troter” de mucha envergadura y de un luchador. Hombre de edad ya maduro, pero enérgico y bregado, recorrió México, las Antillas, Panamá, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile y Argentina.

Mister Hamilton llegó con su respetable humanidad a Piura a principios de 1814, después de haber visitado las provincias del interior, hasta Jaén, en donde le atacó la malaria.

En febrero de ese año se celebran los carnavales y he aquí que Mister Hamilton fue víctima de un “estropicio” que parte de una turba el populacho, ávido siempre de emociones y sobre todo de fastidiar a los gringos. Mister Hamilton publicó la relación de sus viajes en Londres. El más destacado diario de la capital británica The Times acogió sus escritos, que después fueron reproducidos en el Perú.

En una de sus crónicas describe cómo eran los carnavales en Piura en esos ya lejanos días. Dice que vio batallas tenaces entre bandos rivales que manifestaban un antagonismo feroz. “Se luchaba en las calles como si se tratara de un combate entre dos ejércitos enemigos que trataban de tomar una fotaleza o una ciudadela estratégica. Hombres y mujeres revelaban un entusiasmo llevado a los extremos más frenéticos; dándose el espéctáculo de asistir a batallas de seres borrachos o epiletoides”.

Cada bando llevaba una bandera de diferente color. Se formaban comparsas y mesnadas que luego se dedicaban a a libar licor nacional de maíz (chicha quiso decir mister Hamilton).

“Entonces -agrega- vi algo fantástico, algo de un colorido dantesco: que dos bandos disputándose la bandera entraban en combate arrojándose priero agua, polvos, tierra, piedras y después hasta balazos. Cada bando defendí la divisa con todas sus fuerzas. Se usaba el agua coloreada, con verde, granate o bermejo. También se empleaban los huevos de gallina o pavo.”

En las esquinas se levantaba árboles llenos de combustibles que se hacía caer en medio de gritos y algazaras y después de haber bailado algunas horas.”

“La gente más civilizada -continúa diciendo mister Hamilton- había tertulias y organizaba saraos y bailes, otros iban al campo.” A mister Hamilton le fue muy mal en los carnavales de ese año. La gente lo tomó como un pajarraco extraño, como una araña exótica, desde que llegó a Piura. Le perseguían a sol y a sombra. En la posada en que vivía, en la fonda donde iba a comer, etc. Había en esos días un circo farandulero en Piura y mister Hamilton, que había estado a la cuarta pregunta en asuntos de amor, tuvo la debilidad de enamorarse de una de las más hermosas de la “troupe”. El gringo ya era gallo de estaca, pero bien parecido. La muchacha tenía otros enamorados, todos los cuales eran otros tantos rivales y enemigos de mister Hamilton.

Llegó el carnaval de ese año […] para el intrépido explorador británico. Sus antagonistas concertaron un plan para eliminar al gringo o cuando menos hacerlo huir de Piura a uña de caballo. Debemos hacer presente que la artista era hija también de ingleses y parece que se llamaba Terencia White y había aceptado los requiebros y guiños amorosos de su semipaisano quien además tenía dinero y sus contendores eran “calapitrinches”. Llega el domingo de Carnaval y los condenados rivales de mister White se ponen en acción. Acechan al gringo, coordinan el ataque y conduciéndolo alzado, como un fardo, en medio de gritos y risas, toman camino al río, que venía lleno como un Marañón y lo arrojan, desde uno de los barrancos. ¡Horror! ¡Pavor! El pobre gringo felizmente sabía nadar y sacando fuerzas de flaquezas logró alcanzar la orilla, después de ser arrastrado algunas cuadras. El inglés dio parte a las autoridades, las cuales identificaron a dos de los actores principales. Los demás se hicieron humo.

Hay unas líneas más pero hasta aquí es el relato que traían las páginas del periódico en aquel carnaval de febrero de 1936 en las que también se incluían cuentos al mejor estilo de Ricardo Palma. Tal vez quiso decir 1864 y no 1814. No sabemos quién fue el autor de esas líneas, pero no le falta gracia y soltura, además de algún limeñismo y de bastante picardía para fastidiar a los gringos que se veían dueños de Piura. Elías Alvarado había publicado ya una larga crónica sobre los sucesos de la revolución de 1932: “Trujillo: episodios de la revolución aprista” (Lima, 1933). Dejaría el periódico piurano en julio de ese año para trabajar en Chiclayo como director de un periódico agrario y de un semanario lambayecano llamado “Concordia”. Nadie ha escrito con detalle la historia de los periodistas piuranos, pero hay algunos que han mostrado algo de talento literario. Hay mucho por investigar.

Este es un artículo de opinión. Las ideas y opiniones expresadas aquí son de responsabilidad del autor.

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