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Ene

2023

Los peruanismos de Martha Hildebrandt

Martha Hildebrandt dedicó la mayor parte de su vida al estudio de los peruanismos. Obtuvo su doctorado con una tesis de dialectología, pero se especializó en los estudios léxicos en la Universidad Central de Venezuela, donde ejerció la docencia entre 1953 y 1961.

Por Carlos Arrizabalaga. 02 enero, 2023.

Martha Hildebrandt dedicó la mayor parte de su vida al estudio de los peruanismos. Obtuvo su doctorado con una tesis de dialectología, pero se especializó en los estudios léxicos en la Universidad Central de Venezuela, donde ejerció la docencia entre 1953 y 1961.

Antes de regresar al Perú ya mostró cuál iba a ser su principal interés, al publicar “Los peruanismos en el léxico de Bolívar” (1960) que anunciaba ya en el título su gran estudio: Peruanismos (1969), un verdadero hito en la dialectología peruana, y referencia obligada de la lexicología hispanoamericana. Luis Jaime Cisneros (1998) lo consideraba “fundamental” y le dedicó una amplia reseña crítica de más de 50 páginas. Hildebrandt logró con este libro, por tercera vez, el Premio Nacional de Cultura. No es uno de los numerosos diccionarios circunscritos a un ámbito más o menos general, sino un estudio lexicológico minucioso y profundo de más de doscientos términos (otros tres mil se mencionan colateralmente).

La primera edición de 1969 fue editada por Jaime Campodónico en Lima. En 1994 la Biblioteca Nacional publicó una segunda edición corregida y ampliada de 450 a 545 páginas, que nuevamente se reedita en 1998.

El 2013 preparó, con la ayuda de Juan Quiroz, una edición actualizada y aumentada con una veintena de entradas nuevas (cancerígeno, cancha, en breves minutos, la pus, mal que mal, otorongo, palomilla, entre otros), bajo el sello de la editorial Planeta. Analiza la etimología de cada término, las variantes fónicas (y en algunos casos, como cebiche, su correcta ortografía), su extensión en las distintas regiones del Perú y América, su uso en los distintos autores (buscando siempre la aparición más antigua del término), y sus distintas acepciones. Discute el tratamiento que dan los distintos diccionarios a cada término, y ofrece algunas recomendaciones.

Jose Luis Rivarola (1986) destaca “la seriedad de la aproximación, el trabajo directo con las fuentes y el conocimiento de la lengua de América”. Cabe resaltar también la gran intuición que guía a la autora a encontrar y explicar las variantes y los cambios de significado que operan en las palabras, a lo largo de su evolución.

En el año 2000, Martha Hildebrandt publica El habla culta (o lo que debiera serlo), donde emplea la misma metodología aprendida de su maestro Ángel Rosenblat, a quien alude al dedicar su interés a “estas buenas y malas palabras del habla de Lima y de muchos otros lugares del mundo hispánico”. 151 artículos –con una extensión promedio de tres páginas por vocablo– que Hildebrandt publicó en dos diarios limeños entre 1996 y 1999. No se reduce a dar recomendaciones sobre el uso correcto del vocabulario, porque hay muchas entradas referidas a neologismos y peruanismos que son de “uso defendible”, al decir de la lingüista limeña: planilla, recepcionar, descartable, basurear, latinismos como currícula, cambios semánticos como el de plomo que designa en Perú y en otros países de América el color gris o “plomizo”, americanismos como cachetada o ruma,

anglicismos, como bíper, póster, así como cultismos derivados del latín a través del inglés, como nominar o implemento. Origen inusitado tiene el sustantivo bibidí, y el galicismo brevete (que curiosamente en francés significa ‘diploma’, ‘certificado’, pero no ‘licencia de conducir’).

Su interés por el léxico nunca desfalleció y continuó publicando notas lexicográficas en la prensa limeña hasta el final, aunque de forma cada vez más escueta. Su último libro recoge 1000 palabras y frases peruanas (2011), cuyo título Aurelio Denegri criticó sin demasiada razón por iniciar con una cifra numérica. Hildebrandt no se inmutó.

Los peruanismos son, con diferencia, su campo de estudio favorito y las reediciones de su obra emblemática lo demuestran también en las numerosas correcciones y aclaraciones que les fue añadiendo, como por ejemplo en “tacho” para decir: “también en Pamplona”, y para actualizar sus datos con las sucesivas ediciones del diccionario académico y contrastarlos con el “mejorable, pero útil” Diccionario de americanismos (2010). La honestidad científica no siempre está reñida con el comentario personal y hasta festivo, pues en “otorongo” aprovecha una nota para señalar: “El femenino otoronga es solo de uso popular y vulgar; lo afirma quien ha sido congresista por más de quince años”.

Martha Hildebrandt siempre tuvo en cuenta la dimensión sociohistórica del léxico, y por ello denunciará el machismo de calificativos como “chancletero”, “pisado”, “sacolargo” o la impuntualidad que declaran expresiones como “hora peruana” y “hora cabana”. Supo explicar a cabalidad el léxico peruano, en el marco de las hablas sudamericanas, más allá del mero registro lexicográfico. Waldemar Espinoza apenas dedica unos párrafos a los peruanismos al reflexionar sobre la peruanidad y el mestizaje, sin mencionar la labor de Hildebrandt en el desentrañamiento de esta personalidad lingüística del Perú, que se va abriendo camino pese a todo y sigue surcando con brío la historia nacional.

Este es un artículo de opinión. Las ideas y opiniones expresadas aquí son de responsabilidad del autor.

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