Premio Esteban Campodónico

2000 | Padre José Chuquillanqui

2000 | Padre José Chuquillanqui

Párroco de Manchay, sector de escasos recursos ubicado en la vía a Cieneguilla, Lima Este. Obtuvo el premio Esteban Campodónico por la promoción y gestión de diversos comedores populares que benefician a mil 500 personas, escuelas y servicios públicos y de promoción diversos para las personas más necesitadas del sector, adonde vive un aproximado de 40 mil habitantes.

La escuela parroquial Virgen del Rosario tiene 300 alumnos que pagan una cuota mínima y reciben educación y alimentación diaria. Asimismo, se ha gestado 11 talleres parroquiales en Huertos de Manchay, para diferentes especialidades, sobre los cuales tiene el proyecto de convertir en Instituto Superior Tecnológico.

Discurso

Discurso de agradecimiento pronunciado por el padre José Chuquillanqui, Premio Campodónico 2000

Mis primeras palabras deseo dirigirlas a los señores miembros del jurado, que en su misión delicada de evaluación a las personas propuestas para este premio Esteban Campodónico Figallo, vieron por conveniente de otorgarlo a mi persona. Tengo conocimiento de algunas personas propuestas, con mayores cualidades y méritos que el que habla, sin embargo, en la balanza de la evaluación, me cupo la oportunidad de ser premiado. Por lo mismo, recibo esta premiación con bastante humildad y, le pido al Señor me conserve en esta intención y propósito.  

Permítanme, ser lo más breve al reconocer esta historia de cuatro años de Manchay. Llegué un 16 de agosto de 1996. Al recorrer las diversas zonas, constatar el ambiente desolador por la desorientación y desesperanza de la gente sumida en el abandono total, por la falta dirigentes probos y honrados, transparentes y honestos, y los peligros que esto suponía, si uno no se enfrentaba o iba contra sus intereses. 

Laceraba en el corazón las palabras de Moisés: He escuchado el grito de mi pueblo, ya conozco sus sufrimientos. Más aún, a medida que pasaban los días, semanas y meses, constataba el panorama y escuchaba los lamentos del Señor: Me dan pena porque andan como ovejas que no tienen pastor. 

No teníamos templos ni ambientes dónde atender. No niego el primer esfuerzo por atender. Reconozco, aquí, el inicio de la obra a través de las madres de don Orione, las religiosas del Inmaculado Corazón de María del Colegio de La Planicie, los padres carmelitas; pero había mucho más por hacer. Había mucha hambre, sed, TBC, nuestros estudiantes abandonados o tergiversando en su educación; las capillas de esteras vacías, la fe confundida por la multiplicidad de sectas y la ausencia de la iglesia católica. 

¿Qué podía escandalizarnos las madres adolescentes y en abandono, si los valores morales, evangélicos y naturales no eran conocidos?… ¿Pero por dónde empezar? ¿Los templos, la obra social? Y la expresión de Cristo: Darles ustedes de comer´, impulsó nuestro primer proyecto, la cuna-jardín La Inmaculada. De allí vendrían los demás: la escuela, los talleres para las señores, señoras y jóvenes; las bibliotecas, los comedores, las capillas, que poco a poco se vienen reemplazando de esteras por las de material noble; la posta médica, los centros de atención a la mujer, los talleres de las diversas catequesis.  

A estas alturas, nos parece increíble, pero cierto, como en algún momento diría nuestro pastor: Cuando hay verdadera solidaridad, hay imaginación y creatividad. La ayuda sin espíritu solidario es rutinaria y no tiene futuro. Sin embargo, nada de lo que mencionamos hubiera sido posible sin la generosidad de las personas a quienes el Señor nos las puso en nuestro caminar. Algunas de ellas en el cielo. Yo me imagino contemplándonos desde el cielo a nuestro querido monseñor Augusto Vargas Alzamora, monseñor Emilio …, ambos con su sonrisa de felicidad. Y, a partir de este instante, el doctor Esteban Campodónico Figallo.  

Monseñor Alberto Brassini Díaz Ufano, yo no estaría aquí si no fuera porque usted y mi querido padre y pastor, su eminencia Juan Luis Cipriani Thorne, depositaron su confianza y alentaron con su consejo, palabras y presencia esta obra. He querido responder, lo mejor posible, a lo que Cristo y el Papa, a través de sus pastores, ha querido sobre la Iglesia en Manchay.  

Comités parroquiales, misioneros, bienhechores, representantes del pueblo, mis queridos y amadas religiosas, son ustedes los verdaderos artífices de esta premiación. A ustedes debo el que hoy reciba esta distinción. Sin la ayuda de ustedes, ayuda silenciosa y eficaz, ¿qué hubiera sido de mí? Tomo este premio como un reconocimiento a la labor generosa de cada uno y de cada una de ustedes. Lucía, mi madre, gracias por tu fe y ejemplo. Teresa, Rosario, Mirtha, Isabel, Raúl, Luis, Tokiko, Silverio, familiares, gracias por el apoyo y desinterés constante. Queridos representantes de los comedores, obras civiles en la parroquia, gracias por estar haciendo grande la historia de la Iglesia en Manchay. 

Fundación Clover, rector de la Universidad de Piura, amigos… vuelvo a decirles, recibo esta premiación con mucha humildad y al mismo tiempo como un reto. Reconozco mis limitaciones, sin embargo, repito, con el apóstol San Pablo, todo lo puedo en aquel que me conforta. Dios se ha manifestado en medio de mi debilidad.  

Permítanme que mis últimas palabras, aunque que debieron ser las primeras en mi corazón, las dirija a nuestra señora del Rosario, a quien encomendé esta obra en sus inicios. Gracias a ti, Mamayanchi del Rosario ha sido posibles estos signos de vida y de esperanza en Manchay. Ella lo ha hecho todo, reconozco en cada instante que en nuestro trabajo y la historia de Manchay hemos sentido su presencia. Con mucha justicia destino el dinero de esta premiación al templo que en su nombre se viene construyendo en Manchay. A ella le encomiendo, a todos y en ella, agradezco a todos.  

Muchas gracias.

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