Pichiruchi, marrajo, adefesiero y zonzonazo

Por , publicado el 19 de mayo de 2014

pichiruchi

En un artículo anterior describíamos adjetivos que los hablantes peruanos solemos utilizar para señalar propiedades físicas, como: macuco, manganzón, maletudo, patuleco y mogoso. El título con que empezamos en esta ocasión, nos presenta otros que, en el ámbito coloquial y con sentido muchas veces despectivo, usamos ya no para designar características físicas, sino para expresar una valoración negativa que podríamos hacer de alguien, como pichiruchi; para señalar actitudes y predisposiciones humanas, marrajo o adefesiero; y para expresar aptitudes intelectuales, zonzonazo. Todos ellos, incluidos los del artículo anterior, forman parte del grupo de los adjetivos calificativos.

Pichiruchi es una palabra que resulta de la valoración que hacemos de alguien, en este caso, de orden social y con sentido despectivo. Si bien el diccionario de la Academia (2001) registra el término pichirruchi(‘persona insignificante’), en el habla peruana es común el vocablo pichiruchi. El uso de esta voz –con la variante pichiruche– no es solo propio del Perú, sino también de Argentina y Chile. Se suele asociar, incluso, la creación de este adjetivo con palabras de la lengua mapuche: pichi (‘pequeño’), voz relacionada –aunque de forma incompleta– con che (‘hombre’). Pero, al darse una fuerte influencia del quechua sobre esta lengua debido a la invasión inca hasta la zona central de Chile, setenta años antes de la llegada de los conquistadores (Correa Mugica, 2001), resulta convincente considerar que el origen de pichi sea quechua (pishi: ‘escaso, corto, pequeño’).

De la palabra marrajo/-a podemos recoger dos acepciones de la Academia (2001): una aplicada al toro o buey: ‘Que astutamente arremete maliciosamente a golpe seguro’; y otra, a personas: ‘Cauto, astuto, difícil de engañar y que encubre dañada intención’. Curiosamente, en el habla piurana es posible fusionar estos significados, ambos aplicados a personas: “−Patrón, sián puesto marrajos los cholos, fierísimos están”, (“El cacique blanco”, de Carlos Espinoza León). Asimismo, resulta familiar el uso de esta palabra para identificar a una persona desobediente o insolente: “¡Esa muchacha marraja, atrevida!”. En cualquiera de los casos mencionados, se trata de un adjetivo deverbal, creado a partir del verbo marrar con el sufijo -ajo. Este sufijo peyorativo puede adherirse a bases sustantivas (del sustantivo hierba seguido del sufijo –ajo, hierbajo); adjetivas (de pequeño, pequeñajo) y verbales (de escupir, escupitajo). Si bien en este último caso es común la creación de sustantivos con este sufijo, no deja de ser curiosa la formación del adjetivo marrajo con la raíz verbal marrar. Este verbo, con el significado de ‘errar/faltar’ o de ‘desviarse de lo recto”, quizás nos resulte poco familiar; no obstante su uso se registra en las “Tradiciones Peruanas” de Ricardo Palma con la primera acepción: “…y con mucho rejo salió a dar un paseo por la calle de D. Nuño, segura, segurísima de que éste al verla se vendría tras ella como el ratón tras el queso, pues la brujería no podía marrar” (Zurrón-currichi, conseja popular).

Adefesiero/-a, como se afirma en el Diccionario de Piuranismos (1995), viene a ser la ‘persona que acostumbra a decir tonterías y disparates; también se dice a quien es extravagante y ridículo en su vestir’: “No seas adefesiero mi amigo buen Simón, porque te llamarán simplón, pobre, triste y pendenciero” (Eduardo Arámbulo Palacios). El proceso de derivación da lugar a este adjetivo, normalmente con un matiz despectivo, valor atribuido no por la terminación –ero sino por la connotación de sustantivo adefesio utilizado en el ámbito coloquial.

Por último, tenemos la palabra zonzonazo/-a. Se trata de una palabra derivada extendida en casi toda América (Hildebrandt: 1994). Sin embargo, cabe destacar la doble sufijación para enfatizar su carácter aumentativo y despectivo. Se crea, así, con el adjetivo zonzo más el sufijo aumentativo ón, seguido del despectivo -azo/-a. En fin, podríamos seguir mencionando más adjetivos, pero ahora usted, amigo lector, podría realizar esta tarea como buen conocedor de la lengua y de sus usos familiares y locales.

Inés Arteaga Campos
Universidad de Piura

INÉS ARTEAGA CAMPOS (1973-2009)

Trabajó en la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Piura desde marzo de 1996 hasta diciembre del 2009. Licenciada en Educación por la Universidad de Piura, máster en Artes Liberales con mención en Pedagogía por la Universidad de Navarra (España) y doctoranda en el programa de doctorado en Lingüística y Filología Hispánica en la Universidad de La Coruña, (España).

Impartió cursos de capacitación y diplomados en comprensión lectora y gramática textual; y publicó algunos manuales de didáctica y gramática para el Sistema de Educación Semipresencial SEAD.

2 comentarios

  • Carlos dice:

    Grande Inés, muy bien sobre las adjetivaciones que siempre , deben tenerse presente

  • Jacinto Gonzalez dice:

    Interesante nota. Para completar, la UdeP debiera darse una vueltecita por otras áreas del Perú, ya que solo mencionan a Piura como referencia del idioma que hablamos.
    Por ejemplo, que nos digan algo de Iquitos, que por el hielo, dicen “del agua su duro” y de las guagas como en todo el ande llaman a las criaturas.
    Eso aparte del “dejo” al hablar que los distingue. No es difícil saber, al oirlos hablar de que región provienen.

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