Salió con su rebecada: Epónimos expresivos ocasionales
Por Cynthia Briceño, publicado el 3 de junio de 2026Por lo general, en nuestras conversaciones con familiares o amigos cercanos, nunca falta alguien que haga de las suyas diciendo o haciendo algo muy propio de su manera de pensar o de ser: ya sea que Daniela cometa una «danielada» que incomode a todos o que Miguel salga con una «miguelada» característica de su buen sentido del humor. Voces como rebecada, danielada o miguelada, que aluden a conductas típicas atribuidas a una persona, reciben el nombre de epónimos expresivos ocasionales.
Recordemos que los epónimos son voces derivadas de nombres propios de lugar y, principalmente, de persona, tal como lo subraya García-Castañón en su Diccionario de epónimos del español (2001). Así, encontramos ejemplos como milanesa (filete de carne empanado y frito, originario de Milán) y gongorismo (estilo literario inspirado en la obra de Luis de Góngora). No obstante, en el presente estudio nos centraremos en los epónimos derivados de antropónimos, es decir, nombres de persona.
Dentro de este grupo encontramos una gran variedad de sustantivos, adjetivos y verbos que forman parte del léxico de nuestra lengua. Muchos de ellos proceden de personajes vinculados con la política, el arte, la filosofía, la medicina, la religión y otras áreas del conocimiento. Pueden citarse ejemplos como barrabás, término con el que se alude a las personas malvadas, en referencia a Barrabás, personaje bíblico conocido por su mal proceder; alzhéimer, epónimo médico que designa la enfermedad neurológica denominada en honor a su descubridor, el médico alemán Alois Alzheimer; y dantesco, adjetivo empleado para describir situaciones o espectáculos desmesurados o espantosos, por analogía con las aterradoras descripciones del infierno en La divina comedia, de Dante Alighieri: «Bombarda provoca dantesco incendio» (Perú21, 26 de agosto de 2019).
Del mismo modo, forman parte de nuestro castellano los epónimos procedentes de personajes de ficción. Entre ellos se encuentran donjuán, epónimo literario con el que se designa al hombre seductor o conquistador, por referencia a don Juan Tenorio, protagonista de la obra de teatro El burlador de Sevilla y convidado de piedra; cantinflas, término aplicado a quien habla o actúa de manera disparatada o incongruente, en alusión al personaje popularizado por el cómico mexicano Mario Moreno «Cantinflas»; y narciso, epónimo con que se denomina a las personas ególatras y presumidas, por analogía con Narciso, personaje de la mitología griega enamorado de su propio reflejo.
Por otro lado, un grupo particularmente interesante lo constituyen los epónimos expresivos. Estas voces se crean, principalmente, con una intención afectiva, irónica, humorística o valorativa. Entre ellas se encuentran kafkiano, adjetivo que alude a situaciones absurdas o carentes de lógica, por referencia al escritor Franz Kafka, cuyas obras presentan personajes alienados en un mundo inhumano; maquiavélico, término aplicado a personas o acciones astutas y engañosas, por asociación con las doctrinas de Maquiavelo; y quijotada, epónimo que designa actitudes altruistas o gestos idealistas propios de don Quijote. Como puede apreciarse en estos últimos casos, los epónimos expresivos suelen referirse a conductas características, acciones recurrentes o maneras de actuar vinculadas a una persona, de ahí que voces como cantinflada y barrabasada sean frecuentes en el ámbito periodístico: «Pedro Castillo y su nueva cantinflada tras visitar Lambayeque» (YouTube, 10 de febrero de 2022); «Otra barrabasada de la fiscal Espinoza» (Expreso, 7 de junio de 2025).
Dentro de esta categoría se ubican los antes mencionados epónimos expresivos ocasionales, como rebecada, miguelada o gracielada. Estas voces describen actitudes, comportamientos y rasgos de la personalidad. Se les denomina ocasionales porque carecen de reconocimiento en el uso general de la lengua, a diferencia de barrabasada, kafkiano, cantinflada, maquiavélico o quijotada, incorporados en el Diccionario de la lengua española (2024) y ampliamente difundidos en el español actual.
Los epónimos expresivos ocasionales funcionan, sobre todo, dentro de contextos coloquiales familiares o sociales, en los que los interlocutores comparten la referencia que da sentido a esas expresiones: No hagas otra danielada; Salió con su rosaurada; Eso fue una rebecada; o No vengas con tus migueladas. Aunque constituyen una clara manifestación de la creatividad lingüística, pertenecen a un registro informal de la lengua. En definitiva, los epónimos expresivos ocasionales no solo remiten a acciones o conductas características, sino que también transmiten una valoración afectiva, humorística, irónica o de complicidad hacia la persona aludida: Sus rafaeladas nos alegraron el día.