Epónimos médicos 

Por , publicado el 25 de mayo de 2022

La palabra epónimo, que deriva del griego eponymos, se refiere a la persona o cosa cuyo nombre pasa a designar otras entidades como ciudades, enfermedades, conceptos, etc. Generalmente, es una forma de reconocer a la persona que descubrió un fenómeno, creó un procedimiento o identificó una enfermedad. En el ámbito médico, es frecuente el uso de epónimos para designar desde tipos de células (células de Rolando) hasta enfermedades (enfermedad de Parkinson) y tratamientos (tratamiento de Koranyi). Los epónimos médicos, además de su alto número (alrededor de 8000 términos), en su mayoría tienen valor universal, porque significan lo mismo en cualquier parte del mundo y en cualquier idioma, por lo que facilitan la comunicación entre profesionales y no profesionales de la salud. Sin embargo, no todos los epónimos honran a personas cuyos hallazgos o técnicas hayan obedecido a razones altruistas, sino que, por el contrario, fueron el resultado de experimentación con seres humanos sin ningún tipo de restricción ética. Tal es el caso del médico nazi Hans Reiter, epónimo del síndrome de Reiter. Por ello, se discute en la academia médica la necesidad de aprovechar estos casos para poner énfasis en los aspectos bioéticos de la medicina.

Si bien muchos epónimos médicos se refieren a personas que describieron una enfermedad o diseñaron un tratamiento, otros remiten a seres mitológicos, como narcisismo (de Narciso), trastorno de la personalidad que consiste en un sentido desmesurado de sus propias facultades, o a personajes de ficción; por ejemplo, el efecto Miss Havisham, trastorno que consiste en hallar complacencia en el dolor y el sufrimiento, que toma el nombre de uno de los personajes de la novela Grandes esperanzas, de Charles Dickens; o el síndrome de Peter Pan, que se refiere a un tipo de personalidad inmadura, egocéntrica y poco empática, cuyo epónimo es el personaje de la popular obra de teatro Peter Pan y Wendy, de James Matthew Barrie. También existen epónimos, aunque no muchos, que toman el nombre del paciente en quien se identificó por primera vez una determinada enfermeda; tal es el caso de la enfermedad de Christmas, que se debe a Stephen Christmas, primera persona diagnosticada con hemofilia B.

La fiebre de Malta y la fiebre de Ébola, por otro lado, son epónimos de lugares. La primera, también denominada fiebre mediterránea, fue descubierta en la isla de Malta por el microbiólogo David Bruce en 1887, mientras que la segunda se detectó, por primera vez, en una aldea cercana al río Ébola. Algunos están constituidos por los nombres de todos aquellos que participaron en el descubrimiento o invento (síndrome de Wolff-Parkinson-White). También están aquellos que se han lexicalizado y admiten derivaciones, como pasteurización (de Louis Pasteur), hipocrático (de Hipócrates), salmonelosis (de Daniel Elmer Salmon), freudiano (de Sigmund Freud), entre otros.

Respecto a la norma sobre su escritura, la Ortografía de la lengua española (2010) señala que los nombres comunes que formen parte de estos deben escribirse con minúscula: síndrome, mal, enfermedad, afección, fiebre, etc. Se debe respetar, sin embargo, la grafía original de los nombres propios o los apellidos de los inventores o descubridores y escribirlos con mayúscula inicial: El glomérulo de Malpighi también es conocido como glomérulo renal; Recibimos una charla sobre el síndrome de Asperger, trompas de Falopio; La picadura de garrapata puede transmitir la fiebre de Crimea.

Asimismo, si el nombre propio pasa a designar por sí solo el síndrome o enfermedad, la norma indica que el epónimo se convierte en nombre común; por lo tanto, se debe escribir con minúscula inicial y someterse a las reglas ortográficas del español: Cada día más personas con asperger se integran al mercado laboral; La gente sigue contagiándose de ébola porque creen que no existe.

En cuanto a la pronunciación, el Diccionario de términos médicos, de la Real Academia Nacional de Medicina, indica que, en el ámbito hispanohablante, algunos epónimos alternan la pronunciación original con la forma castellanizada:  /ráiter/ ~/réiter/; /fróid/ ~ /fréud/; /ásperguer/ ~ /áspergar/ ~ /ásperjer/ ; es decir, no hay una norma establecida al respecto.

 

2 comentarios

  • Anónimo dice:

    La palabra epónimo, que deriva del griego eponymos, se refiere a la persona o cosa cuyo nombre pasa a designar otras entidades como ciudades, enfermedades, conceptos, etc.

    La Covid, es un epónimo?

  • Jorge Luis Tejada Soraluz dice:

    La palabra Covid no es un epónimo porque deriva de tres palabras: Corona + virus + disease, por tanto podría considerarse como una sigla. Es más, según Tedros Adhanom (director de la OMS), la denominación del nuevo virus no debía ser un epónimo para evitar estigmatizar a alguna persona, animal o lugar.

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