Duda resuelta: verbos irregulares

Por , publicado el 27 de febrero de 2015

dudas

Pregunta de un lector:

Quisiera saber por qué verbos como apretar, querer, acertar etc. cambian e por ie y verbos como cenar, arrestar, alertar no lo hacen. ¿Dónde está la tonicidad en los últimos verbos? Leí el artículo: “La conjugación verbal tiene sus trucos” y no entendí esa parte.

Además, ¿cómo puedo saber si los verbos servir y hervir, por ejemplo, van a cambiar la e por i o por ie? Muchas gracias, Marisa

Respuesta de Castellano Actual:

Estimada Marisa:

Como sabemos, el español y todas las lenguas, al ser naturales, poseen unas reglas que pueden llegar a explicar su funcionamiento, mas no a determinarlo, por lo que, en muchos casos, –sobre todo cuando no se tiene en cuenta el origen de una palabra o su evolución– la lista de excepciones a algunas de las reglas bien podría llegar a ser más amplia que los casos en que se acogen a ellas. Tal es el caso que nos presenta.

Como quizás sepa, la lengua latina, de la que procede la nuestra, no solo tenía el acento de intensidad como en nuestra lengua, por el cual el núcleo de una sílaba de una palabra recibe un mayor golpe de voz que el resto de las sílabas de la misma palabra, sino que, además, contaba con un acento de cantidad, que distinguía, en una misma palabra, sílabas largas o breves, de acuerdo, entre otros factores, a que las vocales contenidas fueran largas o breves. De este modo, las cinco vocales del latín que nuestra lengua ha heredado se convertían en diez (a larga, a breve, e larga, e breve… u larga, u breve); y las vocales largas y breves tuvieron diferente comportamiento en su paso del latín al castellano.

La diptongación en ie de la e en muchas formas verbales responde a la evolución en yod de las vocales anteriores (o palatales) medias latinas: la e breve y la e larga. Mientras que la e larga latina no modificó su timbre en su evolución hasta el español, cuando la e era breve en latín y además era tónica, tendió hacia la diptongación, no solo en formas verbales (tenes > tienes), sino en otras palabras (ferrum > fierro > hierro); (gelum > hielo); e incluso cuando estas proceden de procesos de monoptongación (esto es, simplificación articulatoria que consiste en convertir un diptongo en una sola vocal) dentro del latín: coecum > cecum (en el latín tardío o vulgar) y ya > ciego en su paso al castellano; o coenum > cenum y después, ya en castellano, > cieno (de donde viene el término más común ciénaga). Ese proceso también se da con las vocales posteriores (o velares) medias: o breve y o larga, de modo que la o breve pasa a diptongar en ue, como en el caso de portam > puerta; ovum > huevo; ortum > huerto; este cambio de timbre se daba siempre y cuando la e o la o breves fueran tónicas, esto es, recibieran el acento de intensidad dentro de su palabra.

El hecho de que cenum derive en cieno, y cenare derive, sin embargo, en cenar y que siempre se conjugue con la e y no diptongue en ie se debe a que la primera e era larga en latín, como pasa también con arrestar, que procede de ad restare, en la que la e de re es larga. El caso de alertar es diferente, porque alertar procede del francés allertare.

Esperamos que sus dudas sobre este tema hayan sido aclaradas con estas breves líneas. Como ve, en muchos casos, es interesante, además de imprescindible, remitirnos a los orígenes para comprender ciertos comportamientos de nuestra lengua, pues de lo contrario podrían parecernos tan caprichosos como desconcertantes.

Saludos cordiales,

Castellano Actual

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