Cuando el diagnóstico se vuelve sigla: una mirada lingüística
Por Regina Rosas, publicado el 8 de mayo de 2026¿Resulta común encontrar en redes sociales comentarios que incluyen siglas como TDAH o TOC? En la actualidad, es frecuente observar cómo el léxico cotidiano, especialmente en entornos digitales, incorpora siglas que remiten, entre otros temas, a trastornos psicológicos diagnosticados con creciente visibilidad en distintos contextos sociales.
Las siglas son signos lingüísticos formados a partir de las letras iniciales de los términos que integran una expresión compleja; por ejemplo: TDM (Trastorno Depresivo Mayor) o TDL (Trastorno de Desarrollo del Lenguaje). En su formación, suelen incluir únicamente palabras con carga semántica, principalmente sustantivos y adjetivos, omitiendo artículos, preposiciones y conjunciones, salvo en casos en que estos elementos resulten significativos, como en MSF (Médicos Sin Fronteras). Existen, además, casos menos frecuentes que incorporan otros signos, como I+D (investigación y desarrollo) (Diccionario panhispánico de dudas, 2023).
El uso de estas abreviaciones contribuye a la economía del lenguaje, así como a la rapidez y facilidad informativas (El buen uso del español, 2013). En medio de una sociedad donde prima la inmediatez, las siglas permiten reducir esfuerzo al momento de escribir y de hablar. Así, resulta más práctico decir Me han diagnosticado TDAH que enunciar Me han diagnosticado Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad, o afirmar Tengo varios pacientes con TOC, a decir Tengo varios pacientes con Trastorno Obsesivo Compulsivo.
Sobre su lectura, cuando las siglas presentan secuencias difíciles de articular o impronunciables, estas deben leerse por deletreo: TPL /tepeéle/ (Trastorno de Personalidad Límite). Por otro lado, si su estructura se acomoda a los patrones silábicos del español, se lee tal como se escribe, como cualquier palabra: TEA /téa/ (Trastorno del Espectro Autista). Con respecto al número gramatical, se deben regir también de acuerdo a la normativa, así, las palabras que las acompañen deben señalar dicha información, mas no la sigla en sí misma: Hoy pude identificar dos TEA a lo largo de mis consultas. En cuanto al género, este se determina por el núcleo de la expresión original: Durante la consulta pude determinar un TCA muy avanzado en la paciente, donde el núcleo de la denominación completa es trastorno, de género masculino (Diccionario panhispánico de dudas, 2023).
Es clave analizar cómo han pasado dichas siglas al uso cotidiano del lenguaje, primero considerando que muchos de estos diagnósticos han dejado de ser tabú para la sociedad y es más común escuchar actualmente a un joven decir, por ejemplo, Soy un TOC sin diagnóstico clínico. Esta situación nos debe llevar a reflexionar si este uso más abierto y normalizado de dichas siglas está permitiendo una visibilización necesaria para esta área de la salud mental o si puede estar generando una banalización de dichos trastornos. Tal vez algunos podamos considerar que el uso simplificado de la frase nos permite reducir la complejidad de lo que significa, y así hacer más leve el peso del significado. Asimismo, es comprensible que dentro del contexto médico y psicológico resulte más rápido el uso de la sigla en medio de conversaciones especializadas. Sin embargo, así como sucede con otras palabras y expresiones, la eficacia de su uso dependerá del conocimiento común con el que cuenten los interlocutores sobre el significado completo de las expresiones; un uso inconsciente e indiscriminado puede llevar a distorsionar la intención comunicativa.
Ante dichas cuestiones, es necesario señalar que, aunque las siglas facilitan la comunicación y responden a la necesidad de economía del lenguaje, también plantean un desafío: simplificar sin perder profundidad. En este equilibrio se demuestra que el lenguaje no solo transmite información, sino que también construye la manera en que entendemos la realidad.