Cuando las fobias dejan de ser solo miedos 

Por , publicado el 4 de noviembre de 2026

¿Qué tienen en común la claustrofobia, la xenofobia y la gordofobia? A primera vista, las tres palabras comparten una misma terminación, -fobia, que asociamos con miedo. Sin embargo, mientras que la primera alude al temor a los espacios cerrados, las otras dos expresan algo diferente: rechazo o aversión. ¿Cómo pasó -fobia de expresar miedo a designar también estos nuevos significados? 

La pregunta cobra especial actualidad tras la incorporación de gordofobia a la vigesimocuarta edición del Diccionario de la lengua española (DLE, 2026), presentada el pasado 30 de octubre por la Real Academia Española (RAE) y la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE). La nueva entrada define esta palabra como ‘aversión hacia la gordura corporal o hacia las personas gordas’. Su inclusión no significa que la palabra haya nacido ahora, sino que su uso ya estaba lo suficientemente extendido como para que el diccionario la incorporara. 

Para comprender este fenómeno, conviene remontarnos al origen de fobia, sustantivo de origen griego relacionado con phóbos, que significa ‘temor’ (Vence de una vez tu fobia a las alturas). De este mismo origen procede el elemento compositivo -fobia, que, a diferencia del sustantivo, no funciona de manera independiente, sino que se une a otras bases para formar palabras. Así, encontramos aracnofobia, que designa el miedo a las arañas; acrofobia, el temor a las alturas; y claustrofobia, el miedo a los espacios cerrados. En estos casos, el elemento mantiene una estrecha relación con su significado originario. 

Pero las palabras también cambian con la sociedad. Con el tiempo, -fobia amplió su significado y pasó a emplearse también para expresar aversión, hostilidad o rechazo. Así ocurre con xenofobia, que designa el rechazo hacia los extranjeros, y con islamofobia, que alude a la aversión hacia el islam, los musulmanes o lo musulmán. No se trata necesariamente de un miedo clínico, sino de actitudes hostiles que pueden manifestarse mediante prejuicios, exclusión o discriminación. En lingüística, este fenómeno se conoce como extensión o ampliación semántica: un elemento amplía su campo de significado y adquiere nuevos valores sin perder obligatoriamente los anteriores. 

Este nuevo sentido de -fobia ha cobrado especial importancia en los debates sociales y políticos. Pérez Ayala (2020), en su artículo «Consideraciones culturales y etimológicas sobre el origen del concepto fobos y su utilización en el contexto clínico y social», distingue las fobias clínicas, relacionadas con el miedo y la ansiedad, de los usos sociales vinculados con el rechazo y la discriminación. Por ejemplo, palabras como homofobia, transfobia o gordofobia permiten nombrar formas específicas de rechazo que están adquiriendo mayor visibilidad en el debate público. 

Ahora bien, ¿significa esto que -fobia ha dejado de expresar miedo? No, en absoluto. Ambos significados conviven en nuestra lengua, como hemos podido comprobar. Curiosamente, el DLE reconoce tanto la aversión como el temor en las definiciones del sustantivo fobia, pero define el elemento compositivo -fobia únicamente como ‘aversión’ o ‘rechazo’, una definición que no parece abarcar todos sus usos. 

La incorporación de gordofobia al DLE nos recuerda, finalmente, que la lengua conserva las huellas de su pasado, pero también recoge las preocupaciones del presente. Así, un elemento de origen griego, asociado durante siglos al temor, sirve hoy para nombrar fenómenos sociales y políticos. Y es que los diccionarios no crean las palabras ni aprueban necesariamente las ideas asociadas con ellas, simplemente registran los usos que se han extendido entre los hablantes. 

 

 

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