La ridícula idea de no volver a verte, de Rosa Montero o la autoficción como alternativa vicaria al duelo

Por , publicado el 3 de noviembre de 2026
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«Tengo un amigo que…», «sé de alguien…», «a un familiar le pasó…» son formas de comenzar un testimonio que se pretende ajeno cuando alguien quiere, puede que nosotros mismos, interponer una distancia fingida en una confesión quizás más personal de lo que se esté dispuesto a reconocer. Por lo general, el oyente asume el juego y sonríe; no hacerlo le privaría de una buena historia y el expositor terminaría extraviado por los derroteros del disimulo. Este tipo de confesiones, que podríamos considerar vicarias, tan propias de narradores ingenuos es, sin embargo, la estrategia elegida por Rosa Montero para hablar de su duelo tras la muerte de su propia pareja.

La reconocida novelista española (La loca de la casa, El peligro de estar cuerda) afronta su situación personal a través del relato del duelo de una de las mujeres que más admira, la científica Marie Curie, Maria Salomea Skłodowska de soltera. Por medio de este libro sabremos cómo la dos veces galardonada con el premio Nobel recibió la noticia de la muerte de su esposo, los difíciles primeros años como viuda, la negación inicial de la realidad y la forma en que tuvo que salir adelante. Por medio de este libro Rosa Montero participa en un género autobiográfico que atrae por su esperada sinceridad, como en el año del pensamiento mágico de Joan Didion, Señora de rojo sobre fondo gris, de Miguel Delibes o Paula, de Isabel Allende.

Rosa Montero relata aquí el dolor de Marie Curie por la repentina muerte de su amado esposo Pierre, la vivencia del duelo en toda su extensión y la vacilante superación del mismo, la tristeza con que se hace cargo de la cátedra de su esposo en la Sorbona y se convierte así en la primera mujer catedrática de Francia. Desde el comienzo advierte, apoyada en los versos de Pessoa ―«El poeta es un fingidor, finge tan completamente, que hasta finge que es dolor, el dolor que de verdad siente»―, la intención verdadera de su juego de fingimientos y referencias.

Las lecciones aprendidas sobre la vida de Curie le llevan a su propio duelo en un juego de reflejos en los que lo dicho sobre su situación personal ilumina la comprensión de lo relatado sobre la científica polaca. De la misma manera, sus palabras sobre Curie sirvieron de estímulo para hablar, conforme avanza el relato, de su propia experiencia. La certeza de que la muerte es inevitable y que conviene pensar en ella, hablar de ella, vivir con ella hasta poder superarla se hace palpable en cada página.

Como escritora, es consciente del juego de referencias cruzadas entre su vida y la de Marie Curie. Sin haberlo querido, la muerte de su pareja, Pablo, ha convertido una supuesta biografía en una autobiografía, pues al no hablar de él, ha terminado convirtiendo su ausencia, rotunda y definitiva, en el núcleo del relato. «El tuétano de los libros está en las esquinas de las palabras» (196), apunta en uno de los últimos capítulos, por lo que después de tanto hablar sobre Marie Curie, queda claro para todos que la autora siempre ha hablado de ella misma.

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