La perra: tragedias invisibles

Por , publicado el 5 de octubre de 2026

La diferencia entre novela y cuento no es algo que dependa de la extensión, sino de la densidad. En muy pocas páginas puede recrearse un universo, toda la profundidad de un individuo y al mismo tiempo todo ese mundo viviente de lugares, personajes y recuerdos que dan forma a su personalidad.  

Es así como sucede en una narración tan redonda como La perra, obra de la escritora  Pilar Quintana que mereció en 2018 el IV Premio Biblioteca de Narrativa Colombiana. En sus páginas, el día a día de una mujer humilde como Damaris ofrece al lector un amplio retrato de la pobreza y la desigualdad existente en las poblaciones costeras del Pacífico colombiano. Limitados horizontes para la vida conducen a un ámbito pequeño pero constante de ilusiones: en el caso de Damaris, su deseo frustrado de maternidad la lleva a aceptar a su lado a la mascota del título, a la que bautiza como Chirli, y a volcarse amorosamente en su cuidado. Pero, como en el desarrollo de toda historia familiar, acaban por aparecer las tensiones entre Damaris y la perra, siempre inconstante y enigmática en sus reacciones y sus fugas. 

Por otra parte, la existencia de la protagonista discurre moralmente atada a la gran casa de verano de la familia Reyes, cuyos dueños jamás visitan pero que Damaris, abnegadamente, mantiene limpia y funcional desde hace años. Chirli irrumpe como vida y novedad, como esperanza e inquietud. Las consecuencias de esa irrupción en un espacio que supone la pervivencia de la rutina, de la muerte y de la persistencia de una memoria culpable, tendrá consecuencias estremecedoras dentro de su aparente pequeñez. La perra se integra así en la mejor tradición de la novela realista y su callada reivindicación narrativa de los seres a los que, fuera de la ficción, la mayoría de las miradas no suelen conceder importancia. 

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