Rayuela de Julio Cortázar

Por , publicado el 10 de diciembre de 2013

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El argumento principal de Rayuela -un argentino ocioso convive en París con su amada; tras su desaparición, regresa a Buenos Aires, donde en vano intenta olvidarla- hubiera dado para muchas novelas convencionales, y tal vez alguna buena. Sin embargo, en este resumen se pierde lo mayor y hasta lo mejor de la obra. Se advierte al principio que este libro es muchos libros, y se dan pautas para sacarle el mejor provecho, de las cuales la más importante tal vez sea la de aprender a leer como quiere el enigmático escritor Morelli: como nos dé la gana, pero aceptando ser sus personajes más activos y olvidar esas novelas que se leen de principio a fin “como un niño bueno”. Para ayudarnos, a las dos partes de la novela se une una tercera con “capítulos prescindibles”: episodios secundarios, diferentes perspectivas de la trama o una miscelánea de reflexiones sobre todo lo imaginable y con las formas y las fuentes más insólitas. Este uso lúdico de la literatura y el lenguaje (que llega al máximo en el empleo del “glíglico”, lenguaje de palabras inexistentes), ya anunciado en el mismo título, conlleva una rebeldía universal por vía también del juego: la lógica, el orden, la convención, la realidad estorban a Horacio Oliveira, protagonista de Rayuela entregado a la reflexión filosófica y poética, al lado de su fascinante Maga, y a largas veladas de whisky y música de jazz junto a sus demás compañeros del cosmopolita “Club de la Serpiente”.

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