Mayo, mes de la Virgen

Por , publicado el 8 de mayo de 2017

Virgen-ermita

Atendiendo al título, los católicos sabemos que la Virgen, por antonomasia, se refiere a María, a la madre de Jesús o si se prefiere a la mamá del Hijo de Dios. A propósito, nos centraremos en aquellas formas de antonomasia por las que un nombre común pasa a ser un nombre propio.

Como señala el Diccionario de la lengua española (2014), la locución adverbial por antonomasia denota que a una persona o cosa le conviene el nombre apelativo conque se la designa, por ser, entre todas las de su clase, la más importante, conocida o característica. En el primer párrafo Virgen e Hijo aparecen con inicial mayúscula porque se han convertido en sustantivos propios antonomásticos dejando la categoría de los comunes virgen e hijo.

Así, es distinto decir Recé un rosario a la Virgen y otro al Hijo de Dios que enunciar Rosario llegó virgen al altar y tuvo su primer hijo a los tres años de matrimonio. Mientras que Virgen e Hijo, con inicial mayúscula, apelan específicamente a María y a Jesús; virgen e hijo, escritos con minúscula, aluden a la castidad y al retoño o descendiente. Si bien el primer ejemplo lo podemos conmutar con los antropónimos María y Jesús: Recé un rosario a María y otro a Jesús; en el segundo, este cambio es imposible: *Rosario llegó María al altar y tuvo su primer Jesús a los tres años de matrimonio. Resulta agramatical, ya que los sustantivos comunes virgen e hijo expresan la virtud y el primogénito de Rosario en ese contexto; y se escriben, precisamente, con minúscula porque son características o realidades compartidas con otros individuos, no son exclusivas del nombre propio Rosario. No obstante, sí son excelsas de María y de Jesús, puesto que María es la Virgen por excelencia y Jesús, el Hijo de Dios.

Hay muchos casos de nombres comunes (amauta, apóstol, bardo, evangelista, filósofo, profeta, pulga, tradicionista), que por antonomasia se han convertido en propios: el Amauta (José Carlos Mariátegui), el Apóstol (San Pablo), el Bardo (William Shakespeare), el Evangelista (San Juan), el Filósofo (Aristóteles), el Profeta (David), la Pulga (Messi), el Tradicionista (Ricardo Palma), etcétera.

También tenemos adjetivos (diez, estagirita, excelso, libertador, protector, sabio) que pasan a ser nombres propios como: el Diez (Maradona), el Estagirita (Aristóteles), el Excelso (Dios), el Libertador (Simón Bolívar), el Protector (José de San Martín), el Sabio (Salomón), etcétera.

Asimismo, nombres antonomásticos que se originan en topónimos donde el nombre común genérico se emplea en sustitución de todo el nombre propio: el Canal (canal de Panamá), la Cordillera (cordillera de los Andes), el Estrecho (estrecho de Gibraltar), el Golfo (golfo de México), la Península (península de la Iberia o ibérica), etcétera.

Aunque nos hemos centrado en los nombres comunes que pasan a ser propios, no dejaremos de mencionar que existe una enorme gama de sustantivos propios que se han transformado en comunes designando arquetipos humanos; y que, según la Nueva gramática de la lengua española (2009: 844), igualmente son formas de antonomasia: una celestina (‘alcahueta’), un cupido (‘hombre enamoradizo’), un demóstenes (‘hombre elocuente’), un donjuán (‘seductor’), un judas (‘traidor’), una anabolena (‘alocada o trapisondista’), un nerón (‘hombre cruel’), un quijote (‘idealista o desinteresado’), etcétera.

Y ya entendiendo que la antonomasia consiste en la sustitución o designación de un nombre por otro, los animo a que no solo en mayo, que curiosamente también, por antonomasia, es el mes de María, festejemos a nuestra Madre. Hagámoslo día a día imitando sus virtudes, pues como a toda madre, le debemos nuestra vida y nuestro amor. ¡Viva por siempre la Reina, la Inmaculada, la Santísima Virgen!… Sí, ella es María.

Carola Tueros

Deja un comentario

×