¿Por qué en español se utilizan signos dobles de interrogación y exclamación?
Por Regina Rosas, publicado el 11 de febrero de 2026Somos muchos quienes, por comodidad y rapidez, alguna vez hemos escrito por celular o, incluso, en papel una pregunta o exclamación solo con el signo de cierre. Además de la rapidez, una causa importante de dicho uso incompleto de estos signos sea la influencia de otras lenguas como el inglés o el francés, en las que solo se escribe el signo de cierre. Claramente, nuestros lectores entienden con facilidad el mensaje, pero según la normativa de nuestra lengua española, ¿es correcto omitir el signo de apertura en una pregunta o exclamación?
El signo de interrogación se introdujo al sistema clásico de puntuación en la época carolingia (ss. VIII-X), cuando se marcaba como un signo simple al final de los enunciados tanto interrogativos como exclamativos. Ya en la España del Siglo de Oro (ss. XVI-XVII) era un signo aceptado por los ortógrafos. Por su parte, el signo de admiración, más tarde conocido como de exclamación, fue introducido por los humanistas italianos en el siglo XIV. También aparece en los tratados ortográficos españoles de principios del siglo XVII, aunque todavía era común utilizar el signo de interrogación en su lugar (RAE y ASALE [2010]. Ortografía de la lengua española, §3.4.9).
Será en 1754 cuando la ortografía académica aconseje la escritura del signo de apertura para la interrogación y la exclamación. Recién en 1844, el Prontuario de ortografía de la lengua española introduce como indicación que es necesario utilizar el signo de apertura de interrogación cuando las oraciones son largas, con el propósito de anticipar al lector sobre la entonación que deberá emplear (Ridao, 2021, Los signos de puntuación de la interrogación y la exclamación en la ortografía de la Real Academia Española: consideraciones didácticas e historiográficas).
En su última versión, la Ortografía de la lengua española (RAE y ASALE, 2010, §3.4.9) señala que los signos de interrogación y exclamación son signos dobles, por lo que resulta incorrecto eliminar los signos de apertura (¿¡), como copia de otras lenguas: *Qué agradable visita!, *Cómo te fue? Además, indica la función distintiva de tales signos cuando las secuencias que encierran no están encabezadas por un elemento interrogativo o exclamativo: ¿No iremos? / ¡No iremos! / No iremos. Cabe mencionar que otras lenguas, como el gallego y el catalán (esta última de modo optativo), utilizan también el signo de apertura (Nueva gramática de la lengua española, 2009, §42.6e).
Mencionemos algunos usos especiales de los signos de interrogación y exclamación: (1) no se rechaza la combinación de signos de interrogación y exclamación en una misma oración para expresar ambas modalidades a la vez (¿Puedes hacer silencio, por favor!); (2) se puede encabezar un enunciado con dos signos, el de interrogación y exclamación, también con el propósito de enfatizar que un enunciado es tanto interrogativo como exclamativo; se deberá cerrar con los correspondientes signos (¿¡Eres la prima de Joaquín!?); (3) también en contextos muy expresivos se admite el uso encadenado de varios signos de apertura de exclamación (más raro es el caso de la interrogación), con sus correspondientes signos de cierre (¡¡¡Ha llegado Alejandra a Piura!!!). Merece señalarse que el signo de apertura de interrogación debe emplearse donde inicia la oración interrogativa propiamente dicha, y dejar fuera la información extraoracional: Y si Julia viajó con él, ¿por qué ella no vendrá a la fiesta? (Nueva gramática de la lengua española, 2009, §42.6f, 42.6g,42.6h).
Actualmente son variados los usos de los signos ortográficos en cuestión: dentro de la lengua culta se respeta el uso doble de dichos signos; no obstante, en la lengua coloquial escrita, la realidad muestra la preferencia del hablante por elidir el signo de apertura; no cabe duda de que la influencia de los medios de comunicación digitales ha extendido dicho uso ortográfico incorrecto. No sabemos si en el futuro la normativa varíe su pauta sobre el uso de los signos dobles, reafirmando su permanencia, o si pueda ceder ante un uso bastante extendido, generándose, como lo indica Ridao (2021), un proceso de involución de dichos signos ortográficos, que se ajuste al empleo que tienen en otros idiomas.