Los recuerdos del porvenir, de Elena Garro

Por , publicado el 1 de mayo de 2023

La ciudad mexicana de Ixtepec vive una vida escindida. Por un lado, la plácida y ordenada –no necesariamente feliz– cotidianidad de sus familias más notables, de la que son mejor ejemplo los Moncada, cuyos miembros más jóvenes no hace tanto que han dejado atrás el mundo de libertad y fantasías de la infancia. En un plano diferente, siempre grupo aparte, los forasteros: las tropas del gobierno federal –en una región donde resuena aún la memoria de las correrías de Zapata–; o las cuscas que acompañan a los jefes y oficiales como amantes.   

Sobre este singular ejército de ocupación pesa la autoridad absoluta de dos figuras, el despótico general Francisco Rosas y su amante, la bella y fascinadora Julia, a quien el celoso caudillo pretende dominar y por la que se encuentra, sin embargo, dominado. Será la impensada pérdida de Julia, por mediación de otro misterioso y encantador forastero, la que represente el primer grave desencuentro entre Rosas y sus vasallos de Ixtepec. El siguiente llegará con el regreso de aires de guerra a la región, con la histórica rebelión cristera, cuando el ejército surgido de la Revolución se vuelve contra los campesinos. Todo Ixtepec, desde las familias burguesas hasta las mismas cuscas o el respetado loco Juan Cariño, «presidente de la República», hacen secreto frente contra Rosas; mientras que este busca remedio al vacío de Julia en el conflictivo amor de Isabel Moncada. 

Este argumento realista y hasta folletinesco lo transforma Elena Garro (1916-1998) en una narración, sin embargo, tan bella y sugerente como poco convencional. Escoge un narrador insólito: en las páginas de los Recuerdos del porvenir (1963) habla un pueblo, no en el sentido figurado que usa y del que abusa la política, sino en el literal de una voz narrativa que, unas veces como yo y otras como nosotros, es la del mismo Ixtepec: «¿Cuál fue la lengua que por primera vez pronunció las palabras que habían de empeorar mi suerte? Han pasado ya muchos años y todavía no lo sé» (I, 8), «Pasaba el tiempo y no nos consolábamos de haber perdido a Julia. Su belleza crecía en nuestra memoria» (II, 1).  

Una amplia conciencia que, como vemos, deja sin embargo resquicios para la incógnita, a los que solo llega el rumor, el ensueño o el prodigio. Los momentos culminantes del relato, que lógicamente no se revelarán aquí, son también de ruptura del orden natural de los acontecimientos. En otros muchos, no existe tal ruptura, mas sí unas fronteras sumamente porosas entre sueño y realidad, memoria y fantasía, y en última instancia, amor y odio. El Ixtepec imaginado por Elena Garro bien puede equipararse, por todo ello, a la por excelencia mítica Comala de su compatriota Juan Rulfo. No obstante, reina en Los recuerdos del porvenir un mundo más digno y amable para el ser humano, dentro de todo el dolor que alberga, que el vasto cementerio animado que imaginara Pedro Páramo. 

  *Fuente de la imagen: Penguin libros

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