El Quijote como juego, de Gonzalo Torrente Ballester

Por , publicado el 23 de diciembre de 2014

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La historia es conocida, pero la resumiremos (mucho): a comienzos del siglo XVII, un hombre ya entrado en años pierde la razón de tanto leer libros de caballerías –los best sellers de la época–. Se cree a sí mismo capaz de repetir las hazañas de los caballeros andantes –los superhéroes de la época–, y juzga al mundo en que vive capaz de las mismas maravillas de sus libros. Ello conduce a varias situaciones grotescas; provoca el enojo o la mofa de unos, y el asombro de otros que no entienden cómo esa locura es compatible con el buen juicio que en todo lo demás muestra el personaje. De sus amigos, tan solo un labrador ingenuo le cree y le acompaña fielmente como escudero; otros, compasivos, intentan hacerle regresar a casa.

Ahora bien: supongamos que don Quijote no hubiera estado realmente loco. No como historia alternativa, sino que el mismo Cervantes lo haya diseñado como un secreto jugador de rol que convierte a todos los que le rodean en involuntarios participantes en su farsa. Le ayuda Sancho Panza, único actor consciente: mientras que este intenta desengañarle siempre mediante la discusión y el razonamiento, es notorio que la mayoría de los demás personajes de la novela, burlones o caritativos, acaban asumiendo también personalidades de libro de caballerías. Piensan que a los locos conviene seguirles la corriente, y ni se les pasa por la cabeza que tal vez sea don Quijote quien se está burlando de ellos.

He aquí la tesis defendida por Gonzalo Torrente Ballester en este ensayo de 1974, de densa pero amena lectura. Más recomendable tal vez para aquellos que tienen un conocimiento previo de Don Quijote de la Mancha (que son más de los que parecen), y que la podrán releer con otros ojos. Tras El Quijote como juego,tendrán mucho más significado para ellos las disputas y los engaños entre Quijote y Sancho, sus vaivenes entre simpleza y buen juicio, o el papel de esa Dulcinea (tan hipertrofiado por la crítica romántica) de la que tanto se habla pero que nunca actúa.

Muchas de las interpretaciones de Torrente pueden parecer cuestionables, con toda razón. Pero eso mismo convierte El Quijote como juego en un ingenioso juego de imaginación, al estilo de tantos otros buenos ensayos o documentales sobre temas imaginarios. La fantasía es, al fin y al cabo, un elemento fundamental en la misma obra de ficción de Torrente Ballester (1910-1999; premio Cervantes 1985), escritor español que supo alinear su obra en la dirección de los grandes renovadores de la novela de la segunda mitad del siglo XX, europeos e hispanoamericanos.

A la vuelta de la esquina se nos viene el cuarto centenario (2015) de la segunda parte del Quijote cervantino, que habrá también que recomendar. Entretanto, y como anticipo, valga este original ensayo como incentivo para su lectura.

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