El prompt, un acto lingüístico
Por Rosa Bobbio Álvarez, publicado el 5 de febrero de 2026
El lenguaje es la facultad que nos constituye y distingue como seres humanos. Gracias a él podemos hablar y escuchar, leer y escribir; e incluso reflexionar. Hoy, esta centralidad del lenguaje se ha extendido a medios digitales y, de manera particular, a la inteligencia artificial (IA). ¿Somos conscientes del rol del lenguaje cuando interactuamos con una máquina y cómo ese acto condiciona el tipo de respuesta que obtenemos?
Para responder a la pregunta es importante recordar que escribir es un proceso cognitivo complejo que exige orden, claridad y conciencia del propio pensamiento. Así, Newman, citado por Manuel Casado en Lenguaje, valores y manipulación (2010) refiere que la escritura es esencial para la formación del intelecto, ya que permite estructurar las ideas con precisión. En este sentido, la aparición de la IA generativa no elimina la exigencia en la escritura, sino que la desplaza a un nuevo espacio comunicativo: el prompt. En consecuencia, formular una instrucción para una IA requiere de claridad conceptual, contexto y dominio del lenguaje, pues lo que no se piensa bien difícilmente se puede expresar con eficacia.
Desde este enfoque, el prompt es un texto lingüísticamente estructurado. Del Campo y Martínez-Mediero, en su artículo El prompt, la forma de comunicarse con la inteligencia artificial (2025), lo definen como «la instrucción o pregunta que se le da a una inteligencia artificial para obtener una respuesta ya sea en forma de texto, imagen, audio o incluso un código de programación», definición que lo sitúa en el ámbito de la comunicación verbal. Asimismo, las guías oficiales de OpenAI, señalan que un prompt bien estructurado posee los siguientes elementos: 1) rol (papel que debe adoptar), 2) instrucción (qué tiene que hacer), 3) contexto (de qué trata y para quién) 4) restricciones (qué debe y qué no debe hacer) y 5) formato de salida (cómo debe presentarlo). Como vemos, el prompt responde a una situación comunicativa concreta (finalidad, destinatario y unas exigencias lingüísticas), por lo que reconocer esto es clave para entender su potencial y fomentar su uso responsable.
En este sentido, redactar un prompt implica activar procesos cognitivos propios de la escritura: planificar, seleccionar información, anticipar al interlocutor y prever efectos del discurso. Su eficacia, al igual que el texto escrito, depende del rigor del pensamiento, de la adecuación al propósito y del respeto por las normas generales del pensar humano, tal como indicaba Coseriu en Lecciones de Lingüística General (1981): congruencia, claridad y ausencia de contradicciones. Así, comprender el fundamento lingüístico del prompt permite reconocer que la interacción con la IA no reside en la máquina, sino en la capacidad del usuario para expresarse con precisión.
No obstante, un prompt bien formulado no garantiza por sí solo una respuesta profunda, pues la IA no comprende ni interpreta, sino que reorganiza datos disponibles, muchas veces erróneos o desactualizados, lo que exige una validación del usuario. Así, la IA solo ofrece lo que conoce y no siempre acierta en la respuesta, ya que el contexto va mucho más allá de la información explícita.
Desde esta perspectiva, el fundamento lingüístico del prompt, especialmente desde su dimensión pragmática —cognitiva y social— permite comprender que la calidad de la interacción está en el uso responsable del lenguaje. Al respecto Escandell, en Claves del lenguaje humano (2013) menciona que la dimensión cognitiva se interesa por los procesos mentales implicados en el manejo de la información; mientras que la dimensión social atiende a las variables culturales que orientan la comunicación. Así, el prompt presenta ambas dimensiones, pues refleja no solo cómo piensa el usuario, sino cómo se sitúa culturalmente frente a un destinatario, aunque sea una máquina. De ahí su importancia en la calidad de las respuestas.
Finalmente, aunque los asistentes virtuales son herramientas valiosas, no sustituyen el pensamiento crítico del usuario, razón por la que depender de estas herramientas puede conducir a la reproducción automática de patrones lingüísticos y a un debilitamiento de la capacidad de construir nuestras propias ideas. Por ello, resulta pertinente preguntarse si el prompt es realmente una novedad tecnológica o si representa la necesidad de pensar y escribir con rigor y sentido. Esta reflexión nos invita a revisar el modo en que interactuamos con la inteligencia artificial.