Ahora, ahorita, ahoritita y al toque, o cómo alargar el día con palabras

Por , publicado el 9 de febrero de 2012

Con frecuencia nos quedamos admirados de las posibilidades que ofrecen las lenguas para representar lo que sus hablantes tienen en su cabeza. Ya en el colegio estudiamos que la lengua es convencional y arbitraria. Aun cuando lo arbitrario resulte de sumo interés, hoy nos centraremos en la otra característica, la convencionalidad.

Como sabemos, esta característica no solo afecta a la lengua, sino a todo comportamiento humano, de tal suerte que muchos de nuestros actos o costumbres son fruto de una convención, de un acuerdo al que un grupo de personas llegó en un momento determinado y que nosotros hemos aceptado perpetuando las costumbres adquiridas por medio de la educación o la aceptación de un comportamiento general. La convención de la que hablamos permite que en el diccionario se entienda como ahora ‘el momento presente’ (DRAE: 2001) y nosotros contemos con cuatro o más expresiones para referirnos a lo mismo. Sin duda, este rasgo permite, entre otras cosas, ir descubriendo no solo el comportamiento generalizado de una comunidad de hablantes sino también aquello que de común tiene su forma de ver el mundo. A nadie extrañará que los inuit –esquimales– posean casi treinta palabras para designar la nieve, pues precisan saber si la nieve es nueva, está helada, es antigua o si es pesada o tan ligera que se la llevará la ventisca.

¿Y qué tiene que ver todo esto con nosotros? Ahoritita pasaré a explicarlo. Precisamente la sutil pero marcada diferencia entre el ahora, el ahorita, el ahoritita y la expresión al toque, que acostumbramos a realizar, es tan nuestra como la particular manera de entender el tiempo del reloj. Mientras otras comunidades de hispanohablantes cuentan solo con el ahora como equivalente a en este momento, nosotros hemos dilatado tanto el significado de este adverbio que abarca un lapso de tiempo de toda una mañana, una tarde o incluso un día entero. El uso del sufijo diminutivo, al que tanto partido le sacamos por nuestras tierras norteñas, donde lo solemos duplicar o triplicar al utilizar algunas clases de palabras –“dame un pedacititito de pan” o “Su casa es bien chiquititita”–, señala en ahoritita o ahorititita no solo que el tiempo del que disponemos, por ejemplo, para terminar una tarea, es menor, sino que nuestra implicación afectiva ante la llegada de ese límite es más intensa. La afectividad que suscita la ternura de lo pequeño, por delicado o infantil, se traslada al uso del tiempo y a la intensidad con que estemos viviendo el momento presente, aplicándolo a ciertos adverbios temporales como ahora, algo inusual en esta clase de palabras.

Respecto a la locución al toque, no conoce el diminutivo como procedimiento intensificador, pero sí el de la duplicación o geminación, por lo que podemos escuchar que algo será entregado al toque toque. No obstante, no solo los hablantes peruanos poseemos locuciones para expresar la inmediatez; desde la expresión española, tan absurda en apariencia, echando leches, hasta la chilena, más rotunda, de al tiro, vemos que en todos los lugares hay formas curiosas de hacerlo, aunque quizás nuestro rasgo original sea la escala de tiempos y de urgencias culminada por al toque.

Volviendo al inicio, no cabe duda de que poseemos una peculiar forma de organizar, mentalmente, el tiempo presente, para paciencia de muchos y desesperación de los recién llegados al Perú.

–Oye, Crisanto, ¿terminarás ahora tu artículo?

–¡Ahoritita, al toque, no más, lo tendrás en tu mesa!

Y con este caso tan práctico como real, llegamos al final de esta cita, breve pero intensa, con las palabras. Muchas gracias y hasta lueguito.

 

Crisanto Pérez Esáin

Autor:

Crisanto Pérez Esáin es doctor en Literatura Hispánica y Teoría Literaria por la Universidad de Navarra (España). Es profesor de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Piura desde el año 1999.Ha publicado, entre otras cosas, Los trazos en el espejo: identidad y escritura en la narrativa de Julio Ramón Ribeyro, Pamplona (España): Editorial de la Universidad de Navarra-EUNSA, 2005; y  La narrativa de Julio Ramón Ribeyro: una guía de lectura, en autoría compartida con Javier de Navascués (Universidad de Navarra), Madrid: Cenlit.

3 comentarios

  • JUan dice:

    ¿porque no me dices ahoritita, si la palabra “ahoritita es aceptada por la RAE?

  • Reynaldo García Díaz dice:

    “Al toque” es el título de su LP de Rully Rendo a finales de los 80s, con la dictadura de Morales Bermudez que impuso el toque de queda en el Lima Perú.

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