Caramanduca (2)

Por , publicado el 28 de agosto de 2026

En su libro Quimba, fa, malambo, ñeque. Afronegrismos en el Perú (1988), Fernando Romero considera que el origen de caramanduca resulta difícil de desentrañar, pero descarta que resulte de la conjunción de las voces españolas cara y manducar (cultismo para ‘comer’) «es muy dudoso que nuestro caramanduca haya sido primitivamente ‘caramandur’» (p. 69). Romero sugiere que caramanduca podría estar conectada, más bien, con dos elementos léxicos de raíz africana, provenientes de la lengua kikongo, de la familia bantú: el prefijo kala– (‘tener, poseer, que está entre, que pertenece a, etc.’) y el sufijo –manduca, quizá de origen afronegro por estar presente, de forma más o menos próxima, en ciertas palabras del kikongo. Esta filiación africana se apoya, además, en el hecho de que muchos de los pregoneros eran afroperuanos. Con todo, se trata de una etimología no demostrada, por lo que el origen del nombre sigue resultando incierto.

En la actualidad, el nombre más popular para estos panecillos es caramanduca que, como se aprecia, se presenta escrita indistintamente con c y con k. Esta última no es reciente, y, quizá, en la fijación de esta y su pervivencia, puede haber influido el que fuera el apodo elegido para nombrar a Alejandro Ayarza (1884-1955), uno de los cantantes de música criolla más reconocidos y polémicos de la Lima de inicios del siglo XX. A fines de los 50, y en honor a él, se llamaría así también una peña y restaurante, punto de encuentro de intelectuales, artistas y bohemios, amantes de la jarana criolla.

Esta alternancia de formas se complica más porque los hablantes actuales se cuestionan también si la palabra es karamanduka o karamandunga. Esta duda revela un fenómeno lingüístico frecuente en español por el que el fonema /k/ se confunde con el de /g/, próximos en su pronunciación, el cual ya se presentaba en el paso del latín al español (amicus > amigo) y no es raro en el español americano (inca/inga; secundaria/segundaria). En realidad, la palabra presenta hasta seis variantes escritas: caramanduca, caramanduga, caramandunga, karamanduka, karamanduga, karamandunga, en las que la variante con g añade una n (epéntesis). Al respecto, el DiPerú (Diccionario de peruanismos, 2016), publicado por la Academia Peruana de la Lengua, solo consigna las variantes con c: caramandunga y caramanduca, esta última como preferida para referirse al ‘pan pequeño de forma alargada, crocante por fuera y semiesponjoso por dentro, que tiene sabor a anís, que se enriquece con azúcar, leche y huevos, y al que se agrega a veces ajonjolí’.

Si bien ambas entradas del diccionario indican que se trata de un sustantivo masculino, ya que toman como referencia la relación con el sustantivo pan, los ejemplos acotados revelan su uso real en femenino: «Plaza Vea tiene unas caramanducas riquísimas»; «Me gusta el pan de camote, pan de yema, pan de queso, pan árabe, cachito de mantequilla y la caramandunga». Vargas Ugarte (1953), que lo define como ‘especie de galleta pequeña’, registra caramanduca como sustantivo femenino, y del mismo modo lo hace Augusto Malaret, quien en su Diccionario de americanismos (1946), tomando como autoridad a Pedro Benvenutto Murrieta, lo define como ‘bizcocho pequeño de pasta fina, muy tostado’. Así, tal parece que en la elección del género de caramanduca importa la presencia o no de la palabra pan o su asociación con él, mientras que en el género femenino podría influir la analogía con los sustantivos femeninos terminados en –a referidos a los tipos de pan (cachanga, marraqueta, ciabatta o chabata…) que, usados sin la palabra pan delante y seguidas de un adjetivo o precedidas de determinante, suelen concordar en femenino: deliciosas cachangas, marraquetas caseras, unas chabatas crujientes, muchas caramanducas.

Volviendo al apodo dado al cantante criollo, la elección del nombre de caramanduca no es gratuita, sino que respondería a una asociación entre la forma y el tamaño del panecillo con los rasgos de la persona designada. Así lo registraba ya Benvenutto Murrieta (1932): ‘Se usaba como alias de las personas diminutas’, y lo incluye también Álvarez Vita en su Diccionario de peruanismos (1990): ‘Persona diminuta’. Esta acepción se mantiene en la actualidad, con claro carácter despectivo, para referirse a personas de baja estatura y rollizas: «A. jugó sus cartas. Esa caramanduca con patas ya habrá pedido diez ministerios» (Última Noticia, @ultimarrojicia, 18/2/26).

Aunque el contexto actual es diferente, caramanduca guarda en su historia no solo el recuerdo de tradiciones gastronómicas del Perú de antaño, sino también la riqueza lingüística y cultural asociadas a su nombre; evoca el canto del pregón y recuerda el oficio casi extinto del pregonero, y muestra en su variación ortográfica cómo las palabras van cambiando a lo largo del tiempo.

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