Juegos de la edad tardía, o “la magia de vivir el día a día”

Por , publicado el 17 de junio de 2014

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Crisanto Pérez Esain
Universidad de Piura

Luis Landero, autor de una de las mejores novelas escritas en la España contemporánea, considera que los seres humanos somos animales narrativos, que vivimos por y para contar historias y escucharlas, que hacemos de nuestra vida un largo relato, en el que nos enfrentamos al hallazgo de la realidad tomando como punto de partida la búsqueda del deseo. Como él mismo señala, se interesa por «las relaciones entre la realidad y el deseo, entre el vivir y el soñar, entre el mundo objetivo y el mundo de los ideales y las ilusiones, en cuyas misteriosas fronteras tienen lugar casi todos los grandes y pequeños dramas humanos» (Luis Landero, El laberinto de papel, 58).

La riqueza de Juegos… suscitó en su aparición (1989) –y lo sigue haciendo– una gran cantidad de lecturas diferentes. Había quien relacionaba esta novela con el Quijote, con las grandes novelas del XIX (Dickens, Flaubert…), con los autores existencialistas (Kafka) o con la novela española de la posguerra civil (Delibes). Hay quien ha intentado ver en ella la admiración que a los lectores españoles les causó la habilidad de los novelistas hispanoamericanos del boom (García Márquez, Vargas Llosa, Carpentier…)  para volver a contar historias e, incluso, quien ha entendido esta novela como una novela de caballerías urbana. En todo caso, transparenta la ilusión del autor por contar una historia, o mejor aún, muchas historias, tantas como le contaba su abuela cuando era niño en el mundo rural extremeño donde pasó su infancia hasta que toda su familia viajó a Madrid para siempre.

Esta novela, sitúa a dos (o tres) personajes, en la España de la posguerra: Gregorio Olías, Gil y Augusto Faroni, invención del primero para llenar de ilusión la vida del segundo. La fecha clave es el 4 de octubre (no se sabe de qué año), y toda la novela es el relato de un pasado que se reconstruye hasta llegar al presente desde el cual se mira la relación entre Gregorio Olías, oficinista y Gil, representante comercial, relación enriquecida por la invención de una figura –Augusto Faroni– poeta, tertuliano, sabio e ingeniero, que el primero inventa para saciar las ansias de trascendencia del segundo y que termina descubriendo que lo ha ido creando a imagen y semejanza de sus propios y frustrados anhelos. La novela apunta ya desde el propio título a dos aspectos que se pondrán en relación: la “edad tardía” en la que Gregorio se da cuenta de que la madurez certifica los sueños no cumplidos, y el factor lúdico de imaginarse otra vida creada a base de palabras, en las conversaciones telefónicas que el comercial y el oficinista mantienen cotidianamente.

Así, a la pregunta sobre qué es la vida, Gregorio responderá: “Un sueño. No —y entonces recordó vagamente que en la adolescencia había imaginado el mundo como un tapiz labrado con un solo hilo—. Mejor un juego” (128), un juego cuyas reglas, desconocidas por todos, se esfuerzan en ir creando estos personajes con el afán que no pusieron en perseguir sus anhelos. La imaginación salva la vida de una derrota estrepitosa y cuando la realidad se impone ya es demasiado tarde para dejar de asumir que, real o inventado, la vida es puro juego. Todo ello contado desde la comprensión, la compasión casi de un autor que pone siempre la palabra precisa en la frase justa y meditada, en una prosa limpia y tan perfecta como solo puede serlo un mundo soñado.

6 comentarios

  • Hola,
    la novela “Juegos de la edad tardía” me encanta. Yo soy italiana y leí la obra en 2012 para un examen de Literatura española durante mi Erasmus en Córdoba. Después de un año, a la hora de elegir mi tesis final en la Universidad de Nápoles, decidí comparar la obra de Landero con El difunto Matías Pascal del escritor italiano Pirandello.

    Por eso, recomiendo la novela a todos. Y luchemos más para alcanzar nuestros sueños sin dejar que todo acabe siendo una oportunidad perdida…..

  • Eliana Gonzales Cruz dice:

    Gracias por compartir tu experiencia, Verónica.

  • Crisanto Pérez Esain dice:

    Pues ahora que lo dices, sí que hay ciertos paralelismos entre ambas novelas, e incluso entre ambos autores. Sin duda habría sido una tesis de lo más interesante.

  • Jorgef dice:

    Veronica, me encanta lo que dices. Gracias.

  • Mauri dice:

    Muy buen artículo felicidades

  • Maria dice:

    Muy buen artículo felicidades

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