«De Arequipa a Lima» podría haber sido también el título de este artículo si hubiésemos nombrado los topónimos. En vez de estos nombres de ciudades peruanas, hemos empleado apelativos o sobrenombres toponímicos, que se dan por la característica distintiva con respecto al sustantivo propio referido. A Arequipa se la conoce como la ciudad blanca debido a que fue construida con sillar, una piedra volcánica blanca; y a Lima, la ciudad gris, porque su cielo, cubierto de nubes densas y neblina, es oscuro y no se ve regularmente el astro Sol, sobre todo, en la temporada de mayo a octubre.
No son los únicos apelativos de estas ciudades, pues a Arequipa también se le dice el León del Sur (por su historia de rebeliones), la Ciudad de los Volcanes (por el Misti, Chachani y Pichu Pichu), la Roma de las Américas (por sus numerosos templos religiosos), etc. A Lima se la identifica como la Ciudad de los Reyes (en honor a los Reyes Magos), la Capital Gastronómica de América o Latinoamérica (por su riqueza culinaria), la Perla del Pacífico (por su cercanía al puerto del Callao), etc. Si bien hay muchas denominaciones, nos centraremos en la ortografía de dichas formas.
Cuando los sobrenombres funcionan de manera referencial, es decir, acompañan a modo de aposición al nombre al que aluden, irán con minúsculas: Lima, la ciudad de los reyes, es cosmopolita. En cambio, cuando aparecen de manera antonomástica, esto es, sustituyendo al nombre propio del lugar, emplearán la inicial mayúscula: La Ciudad de los Reyes es cosmopolita.
De esta manera, la Ortografía de la lengua española (OLE, 2010, p. 475 ) señala que se escriben con mayúscula inicial los sustantivos y adjetivos que forman parte de las denominaciones de carácter antonomástico que presentan, como alternativa estilística, algunos topónimos, puesto que funcionan como verdaderos nombres propios: la Capital Arqueológica de América (Cusco), la Capital de la Amistad (Chiclayo), la Ciudad de la Eterna Primavera (Trujillo), la Ciudad del Eterno Calor (Piura), la Ciudad Eterna (Roma), la Ciudad de la Luz (París), la Ciudad de los Vientos (Chicago), la Isla del Encanto (Puerto Rico), la Joya del Pacífico (Valparaíso), la Llave del Golfo (Cuba), el Nuevo Mundo (América), la Reina del Plata (Buenos Aires), el Viejo Continente (Europa), etcétera.
Si observamos las antonomasias anteriores, no van con mayúscula inicial los artículos (el, la), las contracciones del articulo (del) ni las preposiciones (de). En el caso de que estas empiecen párrafo o vayan después de un punto aparte o punto seguido y se tenga que utilizar el artículo, este sí irá con inicial mayúscula. Veamos el siguiente ejemplo:
La Ciudad Blanca está atravesando en el 2026 una intensa temporada de lluvias, por lo que muchos turistas están cancelando sus vuelos a Arequipa. El León del Sur ha visto afectada su economía por los frecuentes huaicos. Se espera que las autoridades tomen «cartas en el asunto» para disminuir el impacto socioeconómico en la Ciudad de los Volcanes.
En este pequeño párrafo evidenciamos que se respeta la norma de la mayúscula de inicio absoluto del texto en el artículo la (La Ciudad Blanca) y tras el punto seguido con el artículo el (El León del Sur). De otra manera, no hubiese sido posible colocar con inicial mayúscula dichos artículos.
Aclarado, entonces, cómo se deben escribir estas antonomasias, por el momento no podremos partir de Lima, la Ciudad Jardín, hacia a Arequipa, la república independiente; no obstante, sí podemos apoyar desde la Ciudad Gris a la Ciudad Blanca o Capital Jurídica del Perú.